Huesca

PSICOLOGÍA

“Hay que entender el lloro, con distancia pero también con cercanía”

Desde la psicología infantil se recomienda “acompañar” y “escuchar” en los primeros días de cole si resultan difíciles

Martín Pelayo
Martín Pelayo
S. E.

Los primeros días de escuela pueden resultar un poco duros para quienes van por primera vez a la guardería o el colegio, pero también para los padres y madres que se ven por primera vez en esa situación.

A esas angustias iniciales “no hay que restarles importancia”, afirma Martín Pelayo, psicólogo general sanitario, especializado en el trabajo con menores, pero tampoco “caer en el terror de que no lo van a cuidar o sentir miedo de que algo malo le va a ocurrir” si los padres, madres o quienes ejerzan el rol de cuidador no están presente.

Lo principal, sobre todo con los de menor edad, que recién empiezan la guardería o el cole, es que las familias entienda que están en el momento “de acompañar a sus hijos. Son los encargados de presentarle el mundo e inscribirlos en la sociedad”, algo de lo que se encargará también el sistema educativo secundariamente.

También es importante “entender el lloro, con la distancia suficiente como para no angustiarnos nosotros, pero con la cercanía necesaria para atenderlo” y tener presente que el llanto es normal. “Si ha tenido otras experiencias previas, si los han dejado con los abuelos o con otras personas, y está acostumbrado a separar, igual no llora, pero es fácil que sí”.

A nivel práctico, afirma este psicólogo, lo mejor “es ofrecerles espacios transicionales”. Un espacio a caballo entre dos puntos. “Si se puede, acompañarles, quedarse un rato y alejarse poco a poco, y sobre todo cuando lo recogemos quedarnos con el resto de las familias, que los chicos se vean entre ellos porque eso va a favorecer que entiendan que también les pasa a los demás, que les dejan y luego les vienen a buscar”, añade Pelayo.

Estos espacios transicionales van a permitir a los progenitores, además, ponerles cara al resto de familias y eso “les va a tranquilizar, porque van a empezar construir una comunidad, y si algo pasa, van a poder preguntar”. Y si en casa están nerviosos, se sugiere intentar hablar con ellos, “que les cuenten y escuchar lo que les dicen, dejando nuestro juicio de adultos fuera”, añade.

Quizás puedan darse dificultades para volver a hábitos de alimentación o de descanso, aunque “es más fácil ver este tipo de comportamiento” en niños o niñas “más mayores”; o con el uso del móvil, algo fruto de la época actual, respecto a lo que “aparentemente hay unas reglas pero luego cada uno lo hace como quiere o como puede”, opina Pelayo.

Por eso, insiste en no demonizar el uso del móvil, porque a determinadas edades “las pantallas se utilizan como refugio”, pero también “poner unos límites claros, ser coherente y entender que si nuestro hijo o hija hace algo que no nos gusta, no es para fastidiarnos, no es contra nosotros, es por algo”, explica, y añade que a veces entre los padres y las madres hay una tendencia “de llevarlo todo al amor propio”.

Por ejemplo, con las rabietas, que según este psicólogo, “son el primer signo de independencia”. Algo que los progenitores pueden ver como “algo horrible”, pero que es la forma en la que “un niño expresa que tiene una opinión diferente a la de sus padres, y esto es algo maravilloso”. Por ello apela a la madurez de los padres, para entender que “nuestro hijo no es de nuestra propiedad y se le debe acompañar, para que cada vez sea más autónomo y capaz de pedir ayuda, si lo necesita”.

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