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Carmen Barrau y Antonio Bosque: "Trabajo tenemos mucho y la verdad es que la clientela es muy fiel"

Estos dos altoaragoneses, después de 47 años, cerrarán el 31 de diciembre El París 

Carmen Barrau y Antonio Bosque, en la barra del París.
Carmen Barrau y Antonio Bosque, en la barra del París.
N.C.

Después de 47 años, Antonio Bosque (Ponzano) y Carmen Barrau (Espés) cerrarán el próximo 31 de diciembre el bar restaurante El París, de Huesca, y con el inicio del año, comenzarán un merecido descanso. Narran su larga trayectoria en este establecimiento con la satisfacción del trabajo bien hecho, aunque les gustaría que alguien tomará el relevo y mantuviera abierto este histórico bar. Es su vida.

Antonio Bosque lleva desde los 14 años en el mundo de la hostelería. 53 años. Sus primeros pasos como trabajador le llevaron a la Fonda La Paz, donde estuvo un mes; al bar restaurante Sauras, un año, y en Barbastro trabajó casi cinco años en El Trujal, donde conoció a Carmen Barrau. Tras la mili, cogieron el traspaso del Bar El París, de la calle Conde Aranda, de Huesca, en noviembre de 1975. Era un local pequeño, de unos 60 metros cuadrados y una clientela que con el paso de los meses fue aumentando gracias a los bocadillos. Fue una época en la que “hacíamos por las tardes unos 400 bocadillos, o más, la mayoría mixtos, de lomo con tortilla de patata, solo de tortilla de patata...”. De clientes, soldados, sobre todo.

Habían adquirido ya el local y al poco vieron que se quedaba pequeño. Surgió entonces la posibilidad de comprar el local actual, en la vecina calle Heredia, y allí abrió el nuevo París el día de Navidad de 1984, manteniendo el anterior local como almacén. Un gran cambio. De los 60 metros cuadrados pasaron a casi 200, ofreciendo ya servicio de restaurante, pero sin abandonar la parte de bar con sus bocadillos... Entre sus clientes, militares, y para que se pudieran cambiar de ropa al salir del cuartel, instalaron duchas y casi 200 taquillas. “Fue una época muy bonita -dice Antonio- porque trabajabas y se te lucía, cosa que ahora no es tan fácil, aunque lo cierto es que el trabajo aquí nunca nos ha faltado”.

Si bajó la actividad, lógicamente, con el cierre de los cuarteles militares, “e incluso estuvimos a punto de irnos a Jaca o a Zaragoza, pero optamos por quedarnos aquí y la verdad es que no estamos arrepentidos de habernos quedado aquí, donde nos conoce todo el mundo”.

Carmen subraya que “trabajo tenemos mucho y la verdad es que la clientela es muy fiel, la de Huesca y la de fuera de Huesca. Estamos agradecidos a la clientela el cien por cien”.

Clientes que bien conocen la carta de El París, en la que hay cocina casera y productos de temporada. Antonio es el cocinero, aunque no era este su objetivo. “Yo he estado en la cocina casi por accidente, cometí el error de entrar un día a ayudarles, y ya no he salido”. En estos momentos, destaca del menú “las manitas de cerdo guisadas con caracoles; la ensaladilla, que la vienen a buscar… y hacemos cualquier cosa, desde potaje a bacalao pasando por el salmorrejo; para el 27 les tengo que hacer a unos 20 que no quieren quedarse sin nuestro salmorrejo. Lo probaron un día y...”.

“Hasta aquí, la trayectoria nuestra -comenta Antonio- ha sido trabajar, trabajar y trabajar, mucho espíritu de sacrificio y al mismo tiempo muy agradecidos a toda la clientela que hemos tenido, sobre todo en los primeros años a los militares y a los universitarios, que venían mucho por aquí”.

Una clientela fiel, con familias y grupos de amigos con días fijos de almuerzo, comida, merienda o cena semanal, y en fechas señaladas llenos casi diarios en Navidad; la festividad de San Vicente; la Semana Santa, con los romanos que participan en los actos del Viernes Santo como clientes singulares; las Fiestas de San Lorenzo, en las que “la Banda de Música ha estado viniendo más de 40 años”. Y -añade Antonio- “con los de la parroquia también trabajamos mucho”. “Y todavía vienen de propio, de Zaragoza o Cataluña, sobre todo, algunos de los que hicieron la mili en Huesca en esos años y que quieren volver a probar los bocadillos del París”, resalta Carmen.

Ella se encarga de llevar la barra y gestionar las comandas. Un trabajo que “casi ha sido un correcaminos, pero más o menos fácil. Cuestión de organización y de trabajar, lo primero que hay que hacer es trabajar… Es un trabajo que hay que currárselo, hay que tener ganas de trabajar, y es que la hostelería es para echarle horas, y si no le echas horas y sacrificio, no se hace nada”. Y también “hemos tenido gente muy buena trabajadora con nosotros y desde aquí les quiero dar las gracias”.

“Con mucha pena, el 31 vamos a cerrar”, dice Carmen Barrau. Afirma que “no he planificado nada, me dicen que me voy a aburrir pero yo les digo que lo que quiero es aburrirme, que no sé lo que es aburrirme, y descansar”. “Llega un momento que hay que parar sí o sí”, añade Antonio, que espera que alguien coja El París. “Después de 47 años tenemos un buen fondo de comercio, que en realidad es lo que vale, además del nombre del bar. Si alguien se queda con este negocio, tiene el camino más que allanado”, resalta.  

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