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Olga Orús: “Estamos siempre preparando cosas y parece que la gente no se cansa”

Olga Orús.
Olga Orús.
Pablo Segura

La oscense Olga Orús lleva toda una vida en la música, donde suma 16 discos (1 de jota, 9 con Hato de Foces y 6 con Olga y los Ministriles), y participaciones en otros, con varios grupos. A los 13 años entró en la Agrupación Santa Cecilia, luego compaginó unos pocos años la jota con la música de Hato de Foces, y desde 2009 es parte fundamental de Olga y los Ministriles. Siempre cantando. Trabaja en el padrón de Huesca y le gustan el orden y los gatos. Vive en Chimillas desde hace casi 19 años. “Llego de Huesca y es como si estuviera de fiesta, en los pueblos se desconecta mucho”, dice.

¿Qué balance hace de sus cincuenta años de trayectoria en la música?

—Un balance buenísimo. Empecé en la Escuela de Jota y Callén, que era el presidente de la Agrupación Folclórica Santa Cecilia, me fichó a los tres meses, cuando tenía 12 años, porque en Huesca no tenían cantadores en activo. Esto me abrió mucho todo el tema musical, conocer a gente, pasar toda mi adolescencia cantando por toda España y viajando por el extranjero, haciendo música, en definitiva. El primer contacto con la música aragonesa lo tuve de la mano de la jota, y muchos amigos que los conservo hasta el día de hoy. Luego, cantando misa en Santo Domingo los domingos, me vinieron a buscar Ricardo Constante y Manolo Ochoa, y estuvimos tres o cuatro años ensayando en un torreón del Casino, hasta que formamos Hato de Foces. Al principio lo compaginaba con Santa Cecilia, pero a comienzos de los 80 el éxito de Hato de Foces me lo impidió, no podía estar en misa y tocar las campanas. Dejé la jota y me centré en Hato de Foces, donde hicimos nueve discos y estuvimos hasta el 2011. Nosotros pensamos que teníamos muchas cosas aún que decir en la música tradicional y desde 2009 estamos con Olga y los Ministriles, que es una etapa majísima, buenísima, en la que hemos hecho más de 200 actuaciones y seis discos. Hacemos lo que nos gusta y con la que gente que queremos hacerlo.

¿Una jota?

—De jota yo destacaría La Magallonera, que la canté muchos años con Hato de Foces. Nos la pedían siempre y me recuerda a Camila Gracia, que fue mi maestra, y es una jota que es muy bonita, a todo el mundo le gusta. Ahora, con Olga y los Ministriles hacemos S’ha feito de nuey, que yo nunca la había cantado, incluso casi me negaba a cantarla porque la hacía todo el mundo. Y con S’ha feito de nuey nos dieron un Premio de la Música Aragonesa hace dos años, porque gusta mucho cómo la canto.

¿Una canción de la última etapa?

—Zimbrea. Es una canción con la que nos presentamos como nuevo grupo. Yo aquí hago mis canciones, compongo cosas como esta canción Zimbrea, y seguimos con la faceta que hacíamos en Hato de Foces, que es recoger la música tradicional, hacer algo de tradición oral y, sobre todo, hacemos música popular.

¿Por qué su último disco, Flamas (2020), en aragonés?

—Fue un proyecto que nos planteó el responsable de la Oficina de la Lengua Aragonesa, que quería que se recogiesen esas canciones que han cantado otros grupos y que han sido famosas en aragonés, y hacer un disco en homenaje a esta lengua. Fue un disco un poco de encargo, pero en el que nosotros nos implicamos un montón y luego participaron muchos de los artistas que habían compuesto esas canciones.

¿Cómo es la voz de Olga Orús?

—Algo que yo valoro que tengo es que no me falla nunca, o no me ha fallado casi nunca. Es una voz que no necesito calentar para cantar, y eso me lo valora mucha gente que canta. Es una voz fuerte, que no me ha dado problemas. Eduardo Paz, de la Bullonera, me dice: “No sabes tú lo que tienes, no eres consciente porque los demás sabemos lo que nos cuesta... Cantas como el que bebe agua o el que respira”.

¿Esto no será porque usted canta siempre que puede, esté donde esté?

—Tampoco te creas que canto todos los días. Yo canto todas las semanas, no voy a decir que no canto nunca, pero no es una cosa de todos los días. La voz también necesita un reposo.

¿Usted, que ha viajado mucho, cree que nuestro folclore es valorado en el extranjero?

—Yo creo que los extranjeros piensan que en España hacemos flamenco y les choca ver que haces otra cosa, pero las cosas si se hacen bien gustan en todos los lados y valoran las armonías, valoran la jota, valoran los dances... Todo lo que hacemos lo valoran igualmente, aunque les choca porque no es lo que esperaban a lo mejor.

¿Y nosotros, valoramos lo nuestro?

—Sí y no. Sobre todo con la jota, hay ahora mucha gente joven, hay muchas agrupaciones, se han dedicado a dar un paso más allá, no solamente hacer lo de siempre, sino que hacen ideas novedosas, introducen más la danza, vestuario... Se ha dado un paso gigantesco en cuestión de la jota. En la música tradicional, seguimos estando los de siempre, los grupos que llevamos muchos años. No veo yo que salgan muchos grupos jóvenes que quieran hacer música folk, eso está como un poco de capa caída. Nuestra labor es un poco de hormiguita, de seguir recuperando, de seguir poniéndolo en valor, pero hay montones de melodías y de canciones de toda la geografía aragonesa, no solamente está la jota. Hay un montón de cantos que se hacen, de auroras, de rosarios, de albadas, de carnavales..., y esas cosas tampoco se pueden perder, no vamos a quedarnos solo con la jota. Vale que sea lo más bonito o lo más significativo, lo que la gente más valora, pero hay otro tipo de música que no la podemos obviar ni perder.

No hay grupos nuevos, otros han desaparecido, pero allí siguen ustedes. ¿Cuál es el secreto?

—El secreto quizás es que aunque ya somos mayores, como no lo hemos dejado nunca seguimos teniendo ese poso y estamos siempre preparando cosas. Seguimos hacia adelante, siempre haciendo proyectos nuevos para obligarnos a seguir trabajando y estando bien de voz, cada uno con su instrumento... Y luego el público también nos responde, nos siguen contratando y parece que la gente no se cansa.

¿Cómo es el altoaragonés?

—Somos gente sencilla, generosos, nos gusta recibir a la gente como se merece, aunque pienso que no nos valoramos lo suficiente, que en esta provincia tenemos muchas cosas buenas.

¿Qué envidia de los gatos?

—Yo siempre digo que en otra vida quiero ser un gato de casa de Olga Orús, porque viven de maravilla.

¿Me dicen que es usted una mujer muy muy organizada?

—No soy obsesiva con el orden pero me gusta saber dónde está cada cosa.

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