Huesca

¿QUIÉN SOY?

Paz Ríos Nasarre, entre la educación y el aragonés

Con el aragonés “llegamos tarde” y en educación, “Ahora estamos fatal, muy quemados”, asegura

Paz Nasarre en su infancia y en la actualidad.
Paz Nasarre en su infancia y en la actualidad.
S. E.

Dos de los principales ejes alrededor de los cuales gira la vida de Paz Ríos Nasarre (Barbastro 1967) le tienen más que preocupada: la lengua aragonesa, con la que tiene relación desde su niñez, y la educación, en la que trabaja desde 1993.

El aragonés era “la lengua con la que nos comunicábamos, aunque en la escuela, todo era en castellano”. Y la educación “era sexista: las niñas a coser, los niños a jugar a fútbol”. Hasta 5º de EGB estudió en Salas Altas y reconoce el esfuerzo de su profesora, “Doña Amada Bistuer, quien se preocupó muchísimo de buscarnos material, sacarnos de excursión…, y nos dio una educación de mucha calidad”.

El 6º curso, en el Pedro I de Barbastro y 7º y 8º, en la Escuela Hogar de la misma localidad. “Todos los del Somontano que hemos estado estabulados en la Escuela Hogar, nos conocemos; además, tuvimos unos profesores excelentes”, resalta Paz.

Superado el BUP, etapa en la que pagaban el transporte y la comida -“si querías estudiar, te lo tenías que pagar”-, Paz, cuyo padre tenía muy claro “que mi hermana y yo teníamos que tener educación universitaria”, hizo Filología Hispánica en Zaragoza, “para volcar mi formación universitaria en el estudio del aragonés”.

Acabada la carrera, dio clases de aragonés para adultos en Barbastro, “pero no daba para vivir y preparé oposiciones”. Entre 1993 y 1996, dio clases como interina en la provincia, hasta que aprobó oposiciones en Castilla La Mancha, donde estuvo 10 años. Aragón era “territorio MEC” y aunque hubo transferencia de competencias, “nos quedamos varados en todo el territorio MEC un montón de gente que queríamos volver a casa. Nos organizamos, llegamos hasta las Cortes de Aragón a protestar porque otras comunidades si traían a su gente en comisión de servicios, pero nosotros no. Volví en el curso 2005-2006, con plaza en Sabiñánigo”. Y desde 2011 da clases de Lengua Castellana y Literatura en el IES Sierra de Guara, de Huesca.

Contrariada, cuenta que como es funcionaria de carrera, no puede “dar clases de aragonés, solo lo pueden dar interinos. Un dislate y un disparate”. Eso sí, es profesora del Diploma de Lengua Aragonesa, estudio propio en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación del Campus de Huesca, desde 2011.

Mientras tanto, mantiene una estrecha relación con el aragonés a través del Consello d’a Fabla Aragonesa desde hace 30 años, y es secretaria de redacción de Fuellas, “que se publica desde 1978 totalmente en aragonés y que va a publicar su número 272, lo que es una proeza”. En su lengua materna ha escrito varios libros, algunos sobre Salas Altas, donde fue socia fundadora del Grupo de Estudios de la localidad, en 1997, y colaboraciones en diferentes revistas especializadas. Y sobre el aragonés, trabaja también en el IEA de la DPH. Al preguntarle qué se puede hacer para que el aragonés se pueda mantener vivo, su lacónica respuesta es esta: “Llegamos tarde”.

Trabaja en la educación desde hace casi 30 años. Es un trabajo que le gusta. “Aunque ahora estamos fatal, muy quemados, con una carga lectiva insoportable”. Además, “la entrada de los móviles en las aulas es fuente de conflicto y tenemos que afrontar una diversidad sin medios prácticamente, y es todo muy frustrante”. Incluso que haya “tanta burocracia y tanto cambio de leyes. No puedes elaborar una ley a base de pedagogos universitarios porque la realidad del aula la conocemos el profesorado en activo y nunca nos han llamado”, lamenta Paz Ríos. 

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