Opinión

José Simón Mir

Por
  • JOAQUÍN ALMERGE LAX
OPINIÓNACTUALIZADA 29/01/2019 A LAS 01:00

Querido José: tenía preparada una carta, con motivo de tu jubilación, pero las circunstancias han sido otras, lamentablemente.

Ha sido toda una vida juntos, la familia no la podemos elegir, los amigos sí. Puedo hacer un recorrido somero: desde volantes a danzantes, fuimos Reyes Magos, noches en vela para enramar, tú me presentaste a mi novia, mi mujer hoy, tus cartas desde Guadalajara, que aún conservo; hemos sido confidentes, te gustaba mucho saber, pero había cosas que se quedaban entre nosotros.

Contigo yo tenía un salvoconducto, llegase a casa cuándo y cómo volviese, si había estado con José, era un justificante.

Las iniciativas que os exponía, por ejemplo, potenciar el dance en el Rosario de la Aurora, tanto tú como José Luis, gran amigo, las hacíais propias, tal es así que cuando por las circunstancias que os comuniqué a ambos, asumisteis sin reparo continuar y agarrasteis fuerte el testigo. Gracias a vosotros dos y a otros que se han ido sumando, es en este momento un éxito de participación y colaboración.

El propio José Luis, nos denominó la "Peña de las Judías", disfrutabas guisando, a mí me permitías tocar el guiso y me pedías opinión, raro en ti. Hace unos años os propuse, que antes que faltase alguno de los amigos, juntarnos un día al año todos y quedó institucionalizado el 6 de diciembre, así llevamos varios años, que hemos disfrutado todos de todos.

Alguien, el día de tu funeral, dijo que habías pasado sin hacer ruido, palabras un tanto alejadas de la realidad porque te gustaba hacer ruido, mucho ruido, se notaba que estabas en los sitios, no pasabas nunca desapercibido.

Una de esas mañanas de la fiesta, tras llamarte repetidas veces no llegabas al taller, todo iba a empezar y tú sin acudir. Tú vecino y amigo Conrado, abrió la puerta de tu casa, con paso decidido entré en tu habitación y sin pensarlo, te zarandeé una vez y a la segunda abriste los ojos, tras el susto inicial, todo fueron risas y mofas.

Esta vez, me citaste en la habitación 322, me diste el primer plantón de nuestra larga convivencia, ahí me ganó Morfeo que te sumió en un sueño tan profundo del que no pude despertarte.

¡Hasta siempre amigo querido!

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