Opinión

Ética, estética y paridad parlamentaria

Por
  • ENRIQUE STUYCK ROMA
OPINIÓNACTUALIZADA 27/02/2019 A LAS 01:00

Si de algo podemos presumir los españoles es de que tenemos unos líderes políticos a cuál más guapo, y si tuviera que decantarme por alguno, en unas hipotéticas elecciones de estética parlamentaria, tendría serias dudas porque todos son bellos, bellísimos.

Estoy convencido de que si hubiera un ranking de los políticos más atractivos del mundo, como ocurre en el tenis o en el golf, seguro que todos los líderes de los principales partidos políticos españoles figurarían en el top ten de la clasificación, e incluso alguno podría optar a ocupar el primer lugar del ranking.

No me negarán que tanto Pedro Sánchez, como Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias e incluso Santiago Abascal merecerían tal distinción, pero no es menos cierto que si las elecciones no fueran de estética sino de ética parlamentaria, el resultado sería muy diferente.

Parece evidente que a guapos no nos gana nadie, pero con la cara y los gestos no vamos a ninguna parte, y menos en una sociedad como la española, cada vez más necesitada de auténticos líderes políticos con capacidad de gestión para resolver los problemas del país y afrontar los retos, que son muchos.

Por lo que considero que si en el futuro se presentaran mujeres, en paridad con los hombres, como cabezas de lista de sus partidos para disputar el gobierno de la nación, quizás nos iría mejor a todos, destacarían más que los hombres en el ranking mundial, tanto de la ética como de la estética parlamentaria, y muy probablemente por la eficacia de su gestión.

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