Opinión

Los modales en la campaña electoral

Por
  • JOSÉ MURILLO
OPINIÓNACTUALIZADA 06/03/2019 A LAS 01:00

En el siglo XXI todavía muchos políticos utilizan las campañas electorales, no para realzar las cualidades del programa propio, como sería lógico, sino para atacar mordazmente a otros candidatos que representan opciones diferentes, como si no tuviésemos todos los mismos derechos dentro de las leyes del marco constitucional. Muchas veces resulta hasta cómico ver el énfasis con que algunos señalan, exagerando, lo que son o parecen fallos en partidos ajenos, mientras ignoran sin inmutarse fechorías cometidas por su partido o por ellos mismos. En los últimos tiempos las cosas han cambiado mucho. Hay que tener en cuenta que el segador y la espigadora se apartaron cuando llegó la cosechadora; el pico y la pala quedaron desplazados por la excavadora; la hoz y el martillo pasaron de moda porque les dejó obsoletos el viento de la historia. Atrás quedo el cine mudo, el alfabeto Morse, la televisión en blanco y negro? Hoy a través de internet tenemos acceso a un banco de datos mundial, con posibilidades de información y comunicación universal? Por todo esto y por mucho más, en las últimas décadas han cambiado profundamente los usos y costumbres en la sociedad, en todo, excepto en el ejercicio de la política, donde algunos siguen igual que antaño: con modales decimonónicos. Goya en el siglo XIX representó la lucha fratricida entre españoles en "La riña", donde dos personajes dirimen sus diferencias a garrotazos. Ya es hora de que quienes hacen de la política su profesión dirijan sus mensajes apelando a la razón, a la inteligencia de los individuos, porque es una irresponsabilidad enorme enconar a las masas recurriendo a resortes primarios, como la visceralidad o el odio. Parece que aún son muchos los que no han aprendido a tratar con respeto, también a quienes tienen preferencias políticas diferentes, preferencias que son opcionales por naturaleza. Mentir e insultar, aunque se haga a través de medios muy modernos, son comportamientos miserables, impropios de quienes pretenden ser nuestros representantes.

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