Opinión

Inventario del expolio de José Gudiol en el Monasterio de Sijena

Por
  • JORGE F. ESPAÑOL FUMANAL (ABOGADO)
OPINIÓNACTUALIZADA 13/03/2019 A LAS 01:00

Alguien debería escribir una novela policíaca sobre lo que ocurrió en el Real Monasterio de Sijena en 1936, pero no para glorificar la figura de Josep Gudiol, como hace Marisancho Menjón en su último libro sobre Sijena, sino para denunciar la monstruosidad de lo que hizo en Sijena, uno de los mayores expolios cometidos en la Europa del siglo XX. Me permito realizar un breve inventario de lo que sacó Gudiol, sabedor de que no es ni siquiera definitivo.

1. La Sala Capitular del Monasterio de Sijena, no se quemó en absoluto, ni su techo se vino abajo, hallazgo que se debe a la única especialista en España en pintura mural quemada Doña María Gómez Rodrigo de la Universidad de Valencia. Ni una tizna de humo en las fotos que sacó Gudiol tras el incendio de sus pinturas murales. El incendio de Sijena, fue selectivo, y solo se quemó cuanto no tenía interés para el arte, al igual que hizo Gudiol en la catedral de Manresa. En aquellos dos camiones de milicianos que llegaron de Barcelona para perpetrar el incendio, había alguien muy entendido en arte y fue esta anónima persona la que ordenó lo que se debía quemar y que no tenía interés artístico, y lo que no. Gudiol tuvo que inventarse después que la Sala Capitular se había quemado y quedado sin techo para justificar el arranque de su rico artesonado primero y, después, de las maravillosas pinturas murales del siglo XII que tan mal arrancó: por su deficiente técnica, por los aditivos y adhesivos que utilizó y por no haberlas positivado hasta pasados cuatro años.

2. También se llevó varias tablas del Maestro de Sijena del retablo mayor renacentista, sin duda lo mejor de la pintura aragonesa del Renacimiento, tal y como se ha probado en el pleito de la tabla de la Sala Balclis cuyos poseedores han certificado el expolio de Josep Gudiol de esas tablas. El propio Gudiol dijo que los vecinos de Sijena le entregaron "unas tablas góticas" de las que no dice lo que hizo. Hoy, esa tabla, la hemos recuperado para siempre.

3. Se llevó José Gudiol en 1936 del Monasterio la preciosa arqueta de marfil del siglo XIV del taller de los Embriachi donde se guardaban reliquias valiosas y que después de la guerra civil fue a parar al coleccionista Federico Marés junto con la Regla de Sijena que también sacó Gudiol de nuestro Monasterio.

4. Se llevó también una valioso manuscrito que contenía el índice de las escrituras que había en el Archivo de Sijena que, con otros pergaminos, se los dejó al funcionario de la Generalitat Josep Buyreu para que se los guardase al ser llamado a filas, pero que, sin embargo, este tuvo la sinceridad y buen criterio en marzo de 1937 de ingresar esos valiosos documentos en el depósito de Pedralbes donde quedaron el resto de archivos catalanes salvados.

Se trata de uno de los expolios más importantes del patrimonio cultural europeo y que Aragón tiene el deber de denunciar ante todos los organismos y tribunales. El Real Monasterio de Sijena y la sacrificada recuperación de su tesoro artístico que entre todos hemos hecho, de igual forma, debe entrar en las páginas de oro de la recuperación del patrimonio artístico mundial. Estoy seguro que todavía nos aguardan más sorpresas si persistimos en esta lucha.

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