Opinión

Cambiar Huesca, una herramienta para hacer ciudad

Por
  • LUIS ARDUÑA LAPETRA (MILITANTE DE IZQUIERDA UNIDA),JESÚS SANAGUSTÍN SÁNCHEZ (MILITANTE DE EQUO),CHARRO OCHOA FERNÁNDEZ (INTEGRANTE DE C+)
OPINIÓNACTUALIZADA 14/03/2019 A LAS 01:00

En una sociedad democrática, todas las opiniones, mientras se manifiesten de forma respetuosa, son legítimas. Otra cuestión es que sean razonables. Precisamente debería ser en ese campo, en el de la razonabilidad de la propuesta, en el que tendría que situarse el debate político y la preocupación ciudadana. Los programas políticos deberían ser la suma de propuestas argumentadas que se ofrecen al análisis y consideración de una ciudadanía que, conforme a su opinión formada tras un ejercicio de rigor intelectual, da su voto para optar por unas u otras. La visceralidad no debería tener cabida en este ámbito, lo que no quiere decir que no haya de vivirse con pasión la defensa de aquellas ideas que se consideran útiles y adecuadas para lograr el objetivo común: el bienestar de la inmensa mayoría. A ese fin se ha venido dedicando, con mejor o peor suerte, el quehacer político de Cambiar Huesca.

Lo sucedido en el pleno municipal del pasado 27 de febrero, con sus derivadas en la prensa a lo largo de los días posteriores, ha supuesto poner en la picota un proyecto en el que, con sus debilidades y errores, pero también con fuerza y aciertos, muchas personas han volcado sus ilusiones y afanes. En ese sentido, es de agradecer la explosión de dignidad de su portavoz, Carmen García Serrano, y el voto coherente de las personas de Cambiar Huesca que siguieron las directrices de la Asamblea en un asunto esencial para este colectivo y, creemos, para la ciudad de Huesca.

Sin embargo, el ruido impide el debate tranquilo y el titular escandaloso triunfa sobre el artículo de opinión sosegado y argumentado. Y en lugar de abordar lo sustancial, nos quedamos en la anécdota, cuando no en la cuota de partidos o la pelea de listas. Así nos va.

Tampoco ayuda el lenguaje: las palabras "hermosas" que repetimos hasta gastarlas, o que escribimos porque "el papel todo lo aguanta"; o, peor aún, cuando, utilizado de manera torticera, ese mismo lenguaje contribuye a la confusión. De esa forma, se habla de confluencia, convergencia, coaliciones, como si fueran la misma cosa. Y se oculta, en consecuencia, que son realidades y construcciones políticas muy diferentes, en las que los protagonismos y liderazgos difieren. Porque no es lo mismo que sean los partidos políticos los protagonistas a que lo sea la ciudadanía; y no es igual que el liderazgo sea compartido a que se pretenda fundar en el carisma de una persona (o de unas pocas) o radique, en exclusiva, en un determinado partido político. No es lo mismo la ocurrencia y el marketing de los creadores de opinión que el proyecto construido en el tiempo desde el diálogo y el contraste de opiniones.

Que las que se eligen para un proyecto concreto sean unas formas u otras ya entra en el terreno de la razonabilidad. En el de las razones, dando por descontado que, evidentemente, hay personas de buena fe en unos u otros proyectos. Pero, entonces, la cuestión que surge es: ¿a qué puede obedecer ese afán por dejar atrás, al lado o en el silencio a buena parte de la gente que ha construido Cambiar Huesca Porque en Huesca, la confluencia ya existe. Durante casi ocho años se ha estado experimentando, sin duda con problemas, dificultades, errores; pero también con esperanzas, ilusiones y aciertos que no pueden ignorarse ni, menos aún, descartarse sin más. Ha sido una construcción política en la que la mayoría de las personas que la integran ha sabido actuar honestamente, desde el convencimiento y desde el compromiso, por encima de los intereses de los partidos y organizaciones a las que algunas pertenecían. No se ha tratado de inutilizar a los partidos –que siguen siendo un ámbito en el que poder analizar y debatir desde posiciones ideológicas concretas–, sino de que esos partidos no impusieran sus consignas ni sus intereses por encima de otras consideraciones, y sometidos al debate y al voto, que no a la consigna. Cambiar Huesca no ha sido cadena de transmisión de nadie: ni de IU, ni de Equo, ni de Puyalón, ni de otros grupos organizados. Y, quizá con menos generosidad y convicción de la necesaria, se ha mantenido la puerta abierta para Chunta, Podemos, o cualesquiera personas que hubieran querido incorporarse.

Ahora, ese trabajo imperfecto pretende obviarse sin ninguna razón convincente. Porque no parece razonable -y se podría decir que tampoco democrático- que los puestos de salida sean innegociables y vengan predeterminados por una parte que trata, así, de imponer sus criterios y sus personas. Eso no es una negociación, es un trágala. Y, a partir de allí, sin hablar de programa ni de propuestas, se exige otra serie de cuestiones que no pueden discutirse, sino que vienen establecidas como indisponibles por la "nueva confluencia" que, ¡confuso lenguaje!, no es tal, porque no es lugar de encuentro para construir de manera conjunta, sino espacio preestablecido al que adherirse sin cuestionamiento de nada. Quieren votos, no militantes activos dispuestos a aportar a lo común.

Con nuestros comportamientos, con nuestras actitudes, vamos desbrozando un camino que no siempre es recto ni avanza ineluctablemente hacia un mundo mejor. Nos equivocamos, damos bandazos, tanteamos y retrocedemos, pero eso es inevitable. Es cierto que las herramientas políticas se desgastan; pueden perder, incluso, su sentido. Pero mientras el desgaste es producto de su uso, entra dentro de lo razonable. Lo que no puede aceptarse -lo que no comprendemos- es querer romper esas herramientas por intereses tristemente personales o, incluso, meramente partidarios.

Por eso, desde nuestra responsabilidad personal, aceptando nuestra cuota en haber llevado a Cambiar Huesca a esta situación, lo que no vamos a hacer es renunciar sin más a lo construido con dudas, esfuerzo y voluntad de avanzar. Por eso, desde el compromiso, el conocimiento y el convencimiento, queremos hacer público que Cambiar Huesca sigue siendo el ámbito de encuentro y de construcción colectiva de un proyecto de izquierda transformadora, alternativa, con sus contradicciones y sus limitaciones, pero con su inequívoco compromiso por la construcción de un mundo que necesitamos y exigimos mejor. No es un llamamiento a nadie; es la forma de asumir nuestra responsabilidad para con una causa que, honesta y razonablemente, ha supuesto una forma mejor, aunque por supuesto mejorable, de hacer política en nuestra ciudad: Cambiar Huesca.

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