Opinión

Un mundo sin amor

Por
  • ROSA MACHÍ PRAT
OPINIÓNACTUALIZADA 15/03/2019 A LAS 01:00

No nos damos cuenta y por ignorancia no percibimos el grado de degradación al que estamos siendo sometidos por nosotros mismos y por la influencia del sistema. Hemos transformado nuestra vida en Sodoma y Gomorra. Buscamos la tan ansiada felicidad que dé sentido a nuestra vacía vida, sin pensar que nunca la podremos encontrar si no es dentro de nosotros mismos.

Creemos que el seguimiento a las costumbres ancestrales, el espíritu de sacrificio, la autoridad paterna, la obediencia a ella, el respeto a los mayores y al prójimo, la educación y el saber estar, son ataduras que coaccionan nuestra libertad; y nada hay más lejos de la realidad. Esos principios vitales son la defensa de nuestra salud moral, que impiden que los patógenos se asienten en nuestra vida como una terrible enfermedad.

Voy por la calle y veo matrimonios ancianos, que durante su vida han tenido más que motivos suficientes para separarse y al final de su vida van cogidos de la mano como dos eternos enamorados, yo contemplo la escena emocionada y pienso que con todo lo que han tenido que superar, han tenido ellos más amor en un día que todas las parejas de ahora que conviven sin compromiso ni obligación, exclusivamente entregados a satisfacer su voluptuosidad integral, en toda su vida. No existe amor donde no hay compromiso y entrega desinteresada. Si todas las parejas que se separan (en las que no hay malos tratos), hicieran examen de conciencia e intentaran entregar al otro/a lo mejor de sí mismo; si cada vez que hay una pelea, sirviera para autoanalizarse y erradicar con buena voluntad la causa que la ha producido, aparte de servir de terapia para conseguir ser un poco mejor, transformaríamos el matrimonio en una continua luna de miel y daríamos a los hijos un ejemplo de valor incalculable, a seguir en sus días. Las separaciones matrimoniales son el cáncer del alma.

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