Opinión

El oscense errante

Por
  • TOMÁS MOYANO BONEL (JOTERO)
OPINIÓNACTUALIZADA 21/03/2019 A LAS 01:00

Muchos de entre ustedes y amigo Dositeo se preguntarán a quién se refiere el abajo firmante. Los más agudos y longevos asociarán a nuestro personaje con la leyenda del "holandés errante", dado a conocer como obra teatral por Edward Fitzball en 1826, mediante novela por Frederick Marryat en 1837, como ópera por Richard Wagner en 1841 y en forma de cuento por Washington Irving en 1855. Lo más probable es que algunos se acuerden de la película con Ava Gardner, James Mason y Mario Cabré en el papel del amante torero, rodada en un Sitges romántico y virgen del actual malogrado turismo. La película rodada en 1951, cuenta la historia de un capitán de barco holandés, quien hizo un pacto con el diablo para navegar sin problemas por los mares. Dios, al enterarse, lo condenó a vagar para siempre por los océanos del mundo sin volver a puerto en un buque fantasma y solo le permite cada trescientos años desembarcar para encontrar una mujer que lo quiera y comparta su maldición. Evidentemente, amables lectores, este no es el caso del viajero en cuestión que está dando la vuelta al mundo en una potentísima moto. Se trata ni más ni menos del oscense Eloy Lacasta que, aunque errante por esos mundos, sí toca puerto de vez en cuando. Ya ha recorrido junto a su mujer, Lucía, unos 38 países dispersados por Norteamérica, Europa y parte de África. Teniendo en cuenta que hay 194 países soberanos, tienen esta vez el proyecto de recorrer 40 países con una duración de dos años simplemente para disfrutar de la experiencia de viajar. Partieron de Huesca a mediados del mes de junio pasado, hecho que tuvo fiel reflejo en DIARIO DEL ALTOARAGÓN de Huesca. Se proponen seguir la Ruta de la Seda, siempre buscando el buen tiempo y bien provistos de jamón, lentejas, chorizo, aceite de oliva y de otros manjares que abundan en toda la redolada oscense. Han estado varios días descansando en la residencia de mi hermano en la ciudad tailandesa de Surat Thani, donde mi gemelo no solo pudo comprobar el acopio de los comestibles mencionados, sino que pudo catarlos. Por supuesto que las anécdotas, vivencias y experiencias son harto interesantes y yo animo a Eloy a que las recopile y las dé a conocer. Por ejemplo, siempre se acordará de su paso por la India por el inconveniente y molestias de las vacas sagradas, por la caída de la moto en un río a más de 4.000 metros de altitud en el Himalaya indio y lo inescrutable de la China y sus habitantes. Amigos Eloy y Lucía, mi enhorabuena por vuestra gratísima personalidad y suerte en vuestro continuo viajar.

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