Opinión

Santas, qué bonito nombre tienes

Por
  • MARÍA DEL PILAR MARTÍN FAURE
OPINIÓNACTUALIZADA 27/03/2019 A LAS 01:00

Con Santas Giménez Bandrés se va una saga de trabajadoras y trabajadores públicos que hacían tan público su trabajo que vivían no solo de él sino en él.

Estoy en una edad en la que tengo distancia para considerar, no en clave de anécdota sino en clave de enseñanza la importancia de distintas personas en mi etapa formativa. En mi pensamiento he tenido a distintas maestras y maestros de mi etapa en el Instituto Ramón y Cajal: Angelita Martín, Irene Rubio, Paco García de Paso... Santas también está en mi particular altar de personas a las que recordaré por lo que me enseñaron.

Tengo anécdotas que ella por su larga trayectoria como bedel del Instituto no recordaría... Están unidas al silencio del amplio vestíbulo del edificio principal, un lugar que imponía por sus dimensiones y su forma... Un lugar en el que rápidamente buscabas el hueco protector de la pequeña sala de bedeles... Allí podías encontrarte a Santas y a su marido, que con una sonrisa podían mejorar sin lugar a dudas ese trayecto solitario hacia la tiza y el borrador, hacia el teléfono... ¡Esto no tenía precio!... Como no tenía precio entrar a cualquier hora en el edificio, casi de cualquier día, para cualquier actividad que entonces no se llamaba "extraescolar", tenía nombre de creativa y libre y podía serlo también gracias a ella. En este mundo muchas personas dejan huella en otras muchas... Es justo y necesario poner de manifiesto que el cuidado que Santas nos ofreció a muchas promociones de alumnado del Instituto Ramón y Cajal da fruto en su vida que hoy termina para recomenzar. ¡Un abrazo sentido, Santas, qué bonito nombre tienes!

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