Opinión

Aspirantes a presidente

Por
  • Mariano Ramón
OPINIÓNACTUALIZADA 02/12/2019 A LAS 01:00

Nunca me acostaría en la misma habitación donde durmiera un extraño ni criaría zorra alguna en un gallinero, y tampoco viajaría en compañía de quien llevara una navaja trapera en la faldriquera, pero si me viera obligado a compartir alcoba o a criar una zorra o a emprender viaje con un navajero, bien me cuidaría de asegurar el billetero debajo de la almohada, de poner las gallinas a buen recaudo y de mantener alertados todos los sentidos. Lo mismo que si presidiera alguna institución apretaría las nalgas en el sillón para evitar que un socio desleal pusiera en el asiento un ramillete de espinas. La historia universal está llena de traidores y basta citar en la nuestra a Bellido Dolfos, quien sorprendido con el puñal todavía ensangrentado excusó su magnicidio alegando que ni quitaba ni ponía rey, que sólo ayudaba a su señor. La traición forma parte del entramado humano y por lo tanto hay individuos, con coleta o sin coleta, que cuando huelen poder o dinero son capaces de vender hasta a su propia madre.

Mucho se escribe y se habla acerca de los sucios episodios económicos en que se hallan enfrascados y encausados políticos de "primera división" y también sobre depurar el acceso a los puestos de gobernanza. A este propósito y tomando como ejemplo a la empresa privada que prospera bajo la dirección de personal debidamente seleccionado bien pudiera ser, por ejemplo, el Consejo de Estado de la entidad que valorará la aptitud de los aspirantes a presidir el Gobierno de España seleccionando de entre los propuestos por los Partidos a aquellos más idóneos según su formación, su experiencia y sus trazas éticas y morales. Y no estaría por demás imposibilitar la bicefalia política, o sea hacer incompatible la presidencia del Gobierno con liderazgo formal del partido originario.

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