Opinión

La nieve como recurso natural para la vertebración territorial de Aragón

Por
  • IGNACIO IGLESIAS CASTELLARNAU (DOCTOR INGENIERO AGRÓNOMO)
OPINIÓNACTUALIZADA 06/12/2019 A LAS 01:00

Como recurso natural inherente al Pirineo, puede mitigar el abismo demográfico al que se ven abocadas muchas comarcas, dotarlas de infraestructuras y actividad económica complementaria a la existente de forma sostenible y constituir una oportunidad empresarial "Desequilibrio territorial", "España vaciada", "vertebración del territorio", ….. palabras repetidas hasta la saciedad en los últimos meses. En definitiva, abandono de pueblos y de territorio, pérdida de culturas, de biodiversidad, de paisaje, de tradiciones, de identidad, congestión de las grandes urbes e insostenibilidad de las mismas, que Aragón vive también en primera persona, en particular en zonas de montaña. Y ello, ante la pasividad clamorosa y reiterada de los poderes públicos, lejos de actuar de forma contundente para su mitigación ante territorios agonizantes. Desgraciadamente, se trata en muchos casos de una situación que los demógrafos califican de "no retorno", pero que en otros todavía puede revertirse de aplicarse las políticas oportunas, de forma contundente y sin demora.

Y es que las zonas de montaña son claves en una sociedad cada vez más urbanizada por vertebrar el territorio y ante un futuro en que, según los datos publicados recientemente por la FAO acerca del cambio climático y la urbanización creciente, son demoledores. Estas zonas aportan a grandes rasgos tres elementos vitales: Biodiversidad natural y por su posición geográfica en altura, por ser espacios verdes, actúan como sumideros de C02 fijándolo en la vegetación, contribuyendo así a la descarbonización de la atmósfera. Desde el punto de vista alimentario aportan productos agrícolas y ganaderos de alta calidad, de proximidad y sostenibles, dado que los recursos para la alimentación del ganado se explotan de forma natural y por tanto requieren menos inputs respecto a las zonas de llanura.

Son dadores de recursos clave para el desarrollo de zonas de llanura y urbanas, en particular agua para el consumo de boca, industria, áreas urbanas, regadíos y proporcionan además energía hidroeléctrica, la más sostenible de entre las existentes.

Constituyen uno de los principales destinos en períodos vacacionales y fines de semana para una población cada día más urbanizada y que precisa del contacto con la naturaleza, la tradición, la cultura, los deportes y el ocio en su tiempo libre.

El desarrollo turístico en zonas de montaña precisa de infraestructuras en comunicaciones que revierten también en el bienestar de sus habitantes, genera empleo que puede complementarse con las actividades agrícola-ganaderas tradicionales de dichas zonas y posibilita, al final, el necesario trasvase de rentas de las zonas urbanas hacia la montaña como garantes de su futuro. Transvase que constituye la base para el equilibrio del territorio y para la redistribución de la riqueza como compensación a la servitud de las zonas de montaña al bienestar de la sociedad anteriormente expuesto. Y sin duda en este escenario, la nieve, es el elemento polarizador por excelencia, a la que se suman los deportes de aventura y las innumerables actividades complementarias fuera de la temporada de esquí.

Es evidente que, en estas zonas, pocas o ninguna actividad empresarial fuera del sector turístico y de la ganadería tienen viabilidad por estar alejadas de los centros de consumo o de las grandes vías de comunicación, a no ser que haya una apuesta decidida por los poderes públicos que compensen dicha ubicación geográfica con incentivos fiscales, como ha sucedido durante décadas en Suiza, el Trentino o el Surtirol italiano y austriaco, entre otros.

Y todas estas reflexiones, vienen al caso tras el intenso debate surgido a propósito de la ampliación del dominio esquiable de Cerler hacia el valle de Castanesa, manifestando algunas organizaciones ecologistas y determinados partidos políticos de Aragón, su oposición a dicha ampliación calificándola como "depredación del territorio". En respuesta a dichas acusaciones, léase en la sección "Cartas al Director", publicada el 28 de septiembre en el Diario del Alto Aragón y firmada por un servidor. Posteriormente se difundió, de forma manifiestamente malintencionada, información acerca de la desunión de los vecinos del municipio Montanuy respecto a la ampliación de Cerler. Cabe señalar que tal afirmación es rotundamente falsa, como lo demostró la manifestación del día 2 de noviembre en Noales, que reunió de forma masiva a los habitantes del Valle de Castanesa, como su diario publicó el día 3 de noviembre. El apoyo al proyecto de ampliación del dominio esquiable hacia el Valle de Castanesa es unánime. Nadie debería politizar ni tergiversar la opinión mayoritaria de los habitantes del valle, soberanos para decidir su futuro.

Como bien saben los lectores, Montanuy, municipio al que pertenece el Valle de Castanesa, cuenta con unos 200 vecinos repartidos en 17 núcleos de población cuyo censo va desde ningún habitante por núcleo hasta los 25, siendo su densidad de población de 1,2 habitantes/km². Cabe recordar que en Aragón la densidad media de población es de 27 habitantes/km², y la de la provincia de Huesca de 14 habitantes/Km². Al ritmo actual, la extinción demográfica por falta de relevo generacional se estima en tan solo 15 años. Tras la extinción, pueblos abandonados, perdida paisajística y cultural, vegetación descontrolada riego de incendios y situación de "no retorno".

Como se ha explicado en reiteradas ocasiones, pero vale la pena insistir una vez más ante aquellos que no quieren entenderlo, el actual proyecto de ampliación de las pistas de Cerler nada tiene que ver con el macroproyecto presentado hace unos 10 años. Su coste total se reduce a 40 millones de euros y será ejecutado por el grupo Aramón. Además de la ampliación de la zona esquiable, el proyecto mejoraría el acceso y por tanto beneficiaría, además, a unos 40 ganaderos de la zona que suben cada año a los puertos de Castanesa su ganado. Además, permitiría la ampliación de la estación de Cerler, pasando su dominio esquiable de 77 a 105 Km, dotándola de una segunda entrada a pistas, atrayendo nuevos esquiadores de la zona catalana. A ello se une como aspecto muy positivo, la orientación al norte de la zona de ampliación que favorece la permanencia de la nieve en las zonas esquiables y minimizando el uso de innovación artificial.

Ampliaciones de este tipo son las que se han llevado y se están llevando a cabo en muchas estaciones de esquí de España y Europa sujetas, en todos los casos, a un escrupuloso estudio de impacto ambiental con sus correspondientes acciones correctoras, resultando una actuación correctamente integrada en el entorno y con total respeto a sus elementos naturales. Es más, en dichos territorios la multifuncionalidad de los espacios económicos generados ha contribuido a generar riqueza i fijar la población. Y, por ejemplo, en el vecino Valle de Boí del Pirineo leridano la actividad turística ha posibilitado la recuperación de la actividad ganadera.

Si somos bien conocedores de lo que supondría la no ejecución de la ampliación: la desaparición en muy corto plazo y en términos demográficos de un valle dedicado secularmente a la actividad ganadera, con sus tradiciones, sus anhelos y sus planes de futuro, donde las familias con relevo generacional no alcanzan ni la decena. Estamos por tanto expectantes a la que a buen seguro es la "última oportunidad". Los datos demográficos expuestos son contundentes, la realidad es tozuda y se resiste a quien quiera manipularla. De nada servirá el lamento de "oportunidad pérdida" de no ejecutarse. La ganadería como actividad económica exclusiva en esta zona, no permite mantener un número mínimo de familias para que esta zona sea socialmente viable, principalmente por el estancamiento tanto de los precios de venta de los productos ganaderos desde hace más de 25 años, como la reducción progresiva de las ayudas de la PAC. Resulta, por tanto, imperativo complementar las rentas de la ganadería con los empleos alternativos que generaría la ampliación del dominio esquiable (monitores, tiendas de alquiler, guías de montaña, deportes de aventura, etc.).

He aportado unas reflexiones objetivas como justificación fundamentada a favor de la ampliación del dominio esquiable de Cerler hacia el Valle de Castanesa, en defensa y apoyo de los vecinos del municipio de Montanuy. Se trata, en definitiva, de la "última oportunidad" para el desarrollo de un valle con un recurso natural intrínseco al mismo como es la nieve y con una actividad tradicional complementaria como es la ganadería.

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