Opinión

El elefante en el Congreso

Por
  • ENRIQUE SERBETO
OPINIÓNACTUALIZADA 08/01/2020 A LAS 01:00

Dicen que los optimistas son más felices, así que quien quiera puede complacerse con el resultado de la votación en el Congreso de los Diputados, porque al final el país tiene un gobierno después de tanto tiempo de bloqueo. Hubiera preferido no haber visto algunas de las intervenciones en el pleno antes de la votación, porque así es más fácil simplificar las cosas, aunque, por desgracia para mí, me dio tiempo a escuchar el desprecio de los que dicen que la gobernabilidad de mi país les importa un comino, o aquellos que reivindican la dignidad de los que han asesinado a quienes no pensaban como ellos. Peor aún, no he podido evitar ver al que ya es el presidente del Gobierno humillándose en nombre de todos nosotros para suplicarles su apoyo. En fin, como ese conocido juego de palabras de los sicólogos, basta decir "no pienses en un elefante" para que automáticamente te aparezca el paquidermo en la mente. La democracia es el sistema que mejor funciona para resolver los conflictos habituales en la sociedad libre, lo que no tiene sentido es que el conflicto se cree en el mismo mecanismo democrático, que es lo que pasa cuando alguien como Pedro Sánchez cree que el objetivo es lograr un resultado favorable, aunque para ello tenga que tragarse todos sus principios, una contradicción detrás de otra.

De todos modos, supongo que el presidente será consciente de que ahora viene lo más difícil, que es mantener girando todos los platos chinos que ha tenido que poner en danza para lograr esa ventaja pírrica de dos diputados. Sánchez ha hecho muchas promesas, algunas de las cuales son difíciles, por no decir imposibles, de cumplir o al menos así lo imagino porque, en realidad, el debate de investidura no ha servido para que se nos informase de ello, que hubiera sido lo más razonable. Por experiencia sabemos que a Sánchez eso no le importa demasiado, porque lo único constante en su comportamiento es que es capaz de decir que piensa una cosa y la contraria sin que se le arrugue la mandíbula, pero sus socios le van a exigir ahora que les pague. Todos los que le han apoyado son fuerzas que no le tienen simpatía al país tal como lo conocemos ni a sus instituciones, así que no se pueden esperar más que cosas que pueden dolernos a los que seguimos creyendo que la Constitución democrática es lo mejor que tenemos. El tal Rufián no tardará en reclamar sus famosas "trece monedas" y ya veremos de qué bolsillo salen.

En fin, nadie puede decir que ignoraba lo que estaba sucediendo. El otro día charlaba (por escrito, como se hace ahora) con un ex ministro de la época de Zapatero y no era capaz de desmentirme el hecho de que esta fórmula de la primera coalición de la democracia es un desastre. Todo lo más culpaba de ello a Pablo Casado y al extinto Albert Ribera, según la doctrina oficial del PSOE. Frente a esa complacencia ciega, hay que alabar a la diputada canaria Ana Oramas, que fue ayer la encarnación de la dignidad política y moral cuando votó según su conciencia y de acuerdo con lo que les había dicho a los electores a los que estaba representando. Se merece militar en un partido decente y no en una de estas minúsculas ciénagas de particularismos localistas como ese PNV que han creado en Teruel y que debería desaparecer lo antes posible.

Bueno, es verdad que Pablo Iglesias también votó según su conciencia y haciendo exactamente lo que le había prometido en la campaña electoral, es decir, llegar al Gobierno y aplicar todas las políticas que pueda. El que parece que va a ser vicepresidente del Gobierno se puede considerar sin miedo como el gran vencedor de esta peripecia, no solo porque además ha logrado que su pareja sea también ministra –tanto mejor para poder adelantar el pago de las letras del chalet de Galapagar porque es mejor dos sueldos que uno y si son de ministros no digamos- sino porque va a acabar siendo el auténtico ideólogo del gabinete. A ver cómo se las arregla Iván Redondo para aconsejar a dos gallos en el mismo gallinero. Causaba cierta estupefacción escuchar a la portavoz socialista Adriana Lastra advirtiendo del error que cometería el Partido Popular si se acerca demasiado a Vox, sin advertir que es el PSOE el que se ha puesto en manos de Podemos y ahora corre el riesgo cierto de que sean los morados quienes se coman al PSOE en las urnas. Tal vez el próximo sueño de Iglesias sea una nueva coalición en la que él sea el presidente y Sánchez uno de los vicepresidentes. Bien pensado, si eso le permite seguir jugando con el Mistere, igual no le importa tampoco.

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