Opinión

Goya 2020

Por
  • ANTONIO NADAL PERÍA
OPINIÓNACTUALIZADA 01/02/2020 A LAS 01:00

Una vez más la ceremonia de los Premios Goya de Cine fue larga y aburrida en varios momentos, con unos presentadores chabacanos que se prodigaron en decir palabrotas, tiraron palomitas y repartieron consoladores entre los espectadores. Como superheroína, Silvia Abril aludió a su chocho moreno y se tiró pedos. Si esto es humor, qué pena da. Para rematar su lamentable y cutre actuación, se despidieron enseñando el culo, como mandando a los espectadores a tomar por ahí. Dijeron que debían hacer algo para que no volviesen a contar con ellos en la próxima gala, y así debería suceder, pero el año pasado también se medio desnudaron y este año han vuelto a contar con ellos, no entiendo bajo qué criterio. Quedarse con el culo al aire en un escenario, sin venir a cuento, no es una muestra de buen gusto, sí una falta de respeto al público. Supongo que la intención de los guionistas era hacer una broma que llamase la atención, pero resultó un recurso de mal gusto, de buscar la provocación. Un recurso facilón que en realidad provoca vergüenza ajena. Pero sin duda habría espectadores que reirían la supuesta gracia, igual que hay gente que se ríe cuando alguien se cae por un extraño reflejo que no se puede evitar. A Marisol no se la esperaba para que recibiera el Goya de Honor. Me parece excesivo conceder ese premio a alguien que lleva 35 años fuera de la profesión, que ha renunciado a ella y cuyas películas no fueron especialmente buenas, aunque encandilaron a los niños de la época (años 50-60). Hay muchos actores maduros de nuestro cine que no han recibido todavía un triste reconocimiento a su labor y han trabajado hasta el fin de sus días. Una vez más los premiados aburrieron soberanamente a los espectadores dando las gracias a diestro y siniestro, hubo uno que incluso dio las gracias a sus primos. Cualquier día oímos a un agraciado dar las gracias a sus vecinos, a su panadero y al portero de la finca. Fue interesante oír cantar a Amaia, no así a la hija de Marisol ni a Paco Alborán, potentes somníferos que deberían ser recetados por los médicos en graves casos de insomnio. Reconozco que no es fácil presentar un programa de más de tres horas de duración, pero tiene que haber un modo de hacerlo de un forma digna y amena, con un responsable, unos presentadores y unos guionistas que sean capaces de hacerlo.

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