Opinión

Plaza del castaño

Por
  • MODESTO ARJONA ORTIZ
OPINIÓNACTUALIZADA 11/06/2020 A LAS 02:00

Una vez cometida la torpeza de colocar unos contenedores soterrados sobre, posiblemente, el principal yacimiento arqueológico de la ciudad, la antigua plaza de Santo Domingo va tomando forma (propongo que a partir de ahora tome su nombre del título de este artículo, como recuerdo del último castaño de indias que nunca debió ser arrancado). Faltan unos arbolicos para darle el toque medioambiental, unos potentes focos para acabar con la calidez que tenía ese agradable rincón y estará preparada para que el señor Alcalde y la Concejala de Urbanismo inauguren el disparate.

Es interminable la lista de intervenciones del Ayuntamiento en las que se demuestra su insensibilidad para la preservación del Patrimonio arqueológico, natural, urbanístico y cultural de la ciudad. A saber: la incertidumbre sobre el edificio del Seminario; el enquistamiento del Círculo Católico; el inminente derribo del nº1 de la plaza de San Pedro; el deterioro de muchas calles del Casco histórico; el acceso y acondicionamiento interior de la antigua Audiencia Provincial; las encementadas del Parque bar y la canalización del Isuela; el abandono e infravaloración del puente de San Miguel; la desidia a la hora de aplicar la Ley de Memoria Histórica; el cierre de las oficinas de vivienda, lengua aragonesa y asesoría sexológica... Sálvase la música, el teatro y el cine, cuya dinamización recae más en técnicos puntuales como el ya añorado Javier Brun.

Es cierto que toda crítica sin alternativa pierde parte de su sentido. No es el caso. A todo lo anteriormente expuesto hay que añadir el hecho de que este Ayuntamiento ningunea, ignora y desatiende sistemáticamente todas las aportaciones, iniciativas, sugerencias y propuestas que se le hacen desde una Plataforma creada para la defensa del Patrimonio de la ciudad y que realiza un gran trabajo con ilusión, desinterés, rigor y conocimiento técnico.

El Ayuntamiento está dirigido por personas buenas, formales, honradas, trabajadoras, responsables, cumplidoras, dispuestas, amables, atentas... todas ellas condiciones necesarias, pero no suficientes, para desempeñar un cargo público. Además de esas virtudes, los responsables que dirijan cualquier institución pública deben tener sensibilidad cultural, creatividad, ingenio, audacia, valentía, humildad y ser permeables al sentir y pensar de los ciudadanos. Y no es el caso. El Ayuntamiento funciona en modo gestoría y su diario discurrir es átono, anodino, timorato y aburrido, procurando que todo quede muy lucido y que nunca pase nada. Y así, mal vamos.

Lo hecho en ese coqueto y acogedor rincón de la ciudad no tiene nombre. Bueno, sí, lo tiene... es una barrabasada, un atropello y un desprecio absoluto a su patrimonio urbanístico y arqueológico. Una plaza es algo más que baldosas, bancos y farolas; es un lugar de encuentros que evoca recuerdos, sensaciones, alegrías, eventos, risas, llantos, emociones, juegos...¡historia viva de la ciudad!; y todo eso es lo que se ha tirado a la basura. Imperdonable. Una intervención de esa envergadura requiere la participación multidisciplinar que incluya arquitectos, urbanistas, historiadores, sociólogos, asociaciones...en fin, un fiasco.

Lo dicho: plaza del castaño. In memoriam. Respetuosamente...

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