Opinión

¿Por qué será?

Por
  • CARLOS GARCÍA MARTÍNEZ
OPINIÓNACTUALIZADA 14/07/2020 A LAS 02:00

¿ Por qué será, eso de la educación, tan importante? Por algo debe ser, ya que al acabar la Guerra Civil sólo quedaban en España 78 institutos en enseñanza media y un agente policial asistía aún a las reuniones de las APA en la década de los 60.

Los centros concertados, la mayoría de ideología católica, surgieron en 1985 para universalizar la educación pública y gratuita al no contar con colegios públicos suficientes ni dinero para construirlos. El ministro socialista Maravall, como el Estado no llegaba a todo, acudió a los conciertos para prestar el servicio educativo con quienes estaban en ello desde tiempo inmemorial y casi siempre en exclusiva. Desde entonces coexisten tres redes de enseñanza: la pública, la concertada y la privada. La Constitución no obliga a financiar la concertada y el Concordato solo exige que la pública oferte la asignatura de Religión.

No hay equidistancia. La educación es un servicio público. En la medida en que al Estado le falten medios podrá "subcontratar" esa función, que deberá atender a los mismos fines que la pública. Pero los subcontratados, sean asociaciones, cooperativas civiles o iglesias, no actúan al mismo nivel que su "contratador". Si sus intereses o ideologías no coinciden con los propósitos y las leyes emanados de la voluntad popular, la libertad de enseñanza les permite organizarse en redes de colegios o en centros propios para impartir sus programas. Pero los subcontratados no forman parte de los órganos que los subcontratan. No se trata de derechos, serían privilegios.

Relacionemos lo anterior con un proceso que conduce, con breves interrupciones, al Estado actual, condicionado aún en la enseñanza por una presencia confesional improcedente. Desde que la Santa Alianza apoyó a Fernando VII y la subsiguiente "Década ominosa" y de las guerras carlistas (Dios, Patria, Rey), la Guerra Civil fue el episodio más traumático del siglo XX y sus consecuencias en la educación y la cultura fueron tremendas. Fueron ejecutados o destituidos más del 60% de los maestros y profesores, prácticamente la totalidad de los intelectuales de la generación del 27 y los más notables científicos y artistas murieron o se exiliaron. La cultura oficial retrocedió al oscurantismo clerical, la represión y la censura. Entre aquella represión salvaje y estos últimos años, ocurrió lo de la Transición, que cortó, en muchos sentidos, la política de la Dictadura pero que dejó intacta la presencia de la jerarquía católica en la enseñanza, aunque la educación pública se fuese recuperando, según quien gobernaba, claro. Porque gobernando Rajoy, entre 2012 y 2015, desde la enseñanza primaria hasta el bachillerato el personal descendió en 23.501 empleados, según el Ministerio de Hacienda.

El candidato en Galicia del PP ha dicho que "a España le iría muy bien un Gobierno a la alemana". ¿Se referirá a la entente improbable entre un partido socialdemócrata y otro, nada parecido al de la señora Merkel, que rompe los acuerdos de la comisión de reconstrucción solo por apoyar sin matices a la educación confesional, no conformándose con los 2.000 millones que se van a repartir entre las autonomías para sanar las cuentas de la pandemia, aportación ya publicada en el BOE Decía Jean Monet, uno de los padres de Unión Europea que "si hubiera que empezar de nuevo empezaría por la educación". Pienso que limitar la presencia de la religión en la escuela pública a poderse ofertar una clase de religión al margen de las asignaturas propiamente dichas, es condición previa para cualquier acuerdo político sobre educación y que este Gobierno, por muy "frankenstein" que sea, es el único que puede conseguirlo y sustituir el Concordato por unos acuerdos razonables. Amén.

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