Opinión

Los aplausos a Pedro Sánchez

Por
  • ENRIQUE SERBETO
OPINIÓNACTUALIZADA 23/07/2020 A LAS 02:00
Los aplausos a Pedro Sánchez
Los aplausos a Pedro Sánchez

Parece que el presidente del Gobierno ha vuelto a Madrid como el que viene de una guerra heroica y asume el papel del protagonista de una epopeya, el conquistador de la batalla más prodigiosa. La imagen de ese consejo de ministros aplaudiendo a Pedro Sánchez me ha parecido el colmo de la indecencia. Ni por ética ni por estética me imaginaba que un grupo de personas a las que se atribuye una cierta madurez intelectual por estar donde están se comportarían como escolares abducidos por el perdonavidas del patio y le premiarían con el entusiasmo de un grupo de náufragos a la deriva que celebran la triquiñuela del que ha robado el último barril de agua potable. Se diría que celebraban que haya encontrado petróleo y lo que ha hecho Sánchez es ir a pedir dinero porque España está en la ruina. Se lo han dado, pero porque el país está literalmente quebrado, porque somos miembros de la Unión Europea y porque Francia y Alemania se han empeñado en ayudar, no porque el presidente del Gobierno haya hecho nada para merecerlo. Bueno, si acaso lo que ha hecho es contribuir a empeorar los efectos de la pandemia en la economía por imprevisión y por falta de planes para afrontarla. Este, que Europa nos diera dinero, era y es su único plan.

Cuando uno tiene que pedir dinero -y eso lo sabemos muy bien los ciudadanos de a pie- se está siempre a merced de aquellos que te lo pueden prestar. Para Sánchez la última cumbre no ha sido más que una gestión en la que su único argumento se basaba en lo mal que se ha quedado la economía de nuestro país. No era él quien podía dar un puñetazo encima de la mesa como tampoco lo puedes dar en el despacho de la sucursal del banco si no te gustan las condiciones de la hipoteca que necesitas. En este caso menos aún, porque el banco al menos hace negocio con las hipotecas, mientras que nuestros socios europeos se han tenido que rascar el bolsillo para ayudarnos. No negaré que ellos también tienen un interés, porque nuestras economías ya están tan interconectadas que el colapso de Italia o de España sería catastrófico para todos. Pero podían haber puesto mala cara y esperar a que cayésemos un poco más para poder comprar más barato. Y gracias a Dios no lo han hecho. Pero de heroica misión en Bruselas, nada de nada.

En segundo lugar, lo que ha acordado el Consejo Europeo está muy bien, sobre todo desde el punto de vista europeo porque consolida y estrecha la Unión. Sin embargo, para resolver el problema que tenemos delante en España equivale poco más que administrar una cataplasma para alguien que se está desangrando porque le han pegado un tiro. Los 72.000 millones que podremos recibir en tres años a fondo perdido parecen una suma colosal, pero en realidad es poca cosa cuando se sabe que el déficit del Estado, solo de este ejercicio, puede llegar a los 120.000 millones. Es decir, que habrá que pedir prestado -y después devolverlo- otro tanto, a lo que hay que sumar el billón y pico que ya debíamos. Tengo entendido que hasta ahora y después del rescate bancario de 50.000 millones que nos ha costado diez años digerir, solo en intereses de la deuda España paga al año unos 30.000 millones. Lo único claro es que si salimos de esta es muy probable que nos vayamos a más de 50.000 millones de coste de financiar la deuda. Si se suman los gastos en prestaciones al desempleo que van a multiplicarse, ¿alguien cree que queda mucho margen para hinchar el gasto con los experimentos ideológicos que le gustan a los amiguitos de pupitre?

Ese dinero que la UE pone a nuestra disposición representa una oportunidad histórica, bien empleados podrían ayudarnos no solo a salir de este agujero en el que nos ha hundido el virus sino a reconstruirnos como una economía más fuerte, sólida y moderna. Pero para poder hacerlo hay que saber de economía, no vale con copiar la tesis, y -más importante aún- tener claro cuáles son los modelos que funcionan bien, digamos Holanda por citar a un país más pequeño que el nuestro del que se ha hablado mucho estos días, que no necesita pedir dinero a nadie y que nos da sopas con honda, y cuales las recetas que destruyen la economía, como las de la Venezuela bolivariana, tan admirada por el vicepresidente y su señora esposa, ministra consorte. Los aplausos de los ministros a Pedro Sánchez son un síntoma de una confianza ciega en alguien en quien no se puede confiar, porque tiene la fea costumbre de mentir. Son el germen de un culto a la personalidad propio de otros tiempos y otras latitudes. De esos aplausos se acordarán muchos y lamentablemente no para bien.

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