Opinión

Dos dragones

Por
  • SERGIO BERNUÉS CORÉ
OPINIÓNACTUALIZADA 16/08/2020 A LAS 02:00

Dentro de nosotros combaten siempre dos dragones. Uno es siervo del ego, la frustración y el temor. El otro es hijo del amor y la tolerancia. Al que más entrenes y alimentes de ambos será el vencedor.

Sócrates decía lo siguiente: "Sé amable con todo el mundo, pues cada persona libra algún tipo de batalla". Y como afirmaba el filósofo griego, en el interior de todos se dirime una dura contienda. Una guerra liderada por el ego, esa ilusión del yo sobre la que se construye nuestra forma de comprender el mundo que nos rodea. La entelequia que nos engaña y condiciona incendia nuestro interior y se convierte en un escudo ficticio que nos protege y gobierna a su antojo. El falso yo que incita al conflicto con otros y nos aleja de ellos. El escritor indio Jiddu Krishnamurti decía que no somos la charla que oímos en nuestra cabeza, somos el ser que escucha esa charla.

En ese maremágnum de personas que se cruzan en tu camino bullen los egos y las peleas internas. Cada uno de nosotros camina con su propia máscara y su mochila cargada, porta viejas heridas que aún supuran y el cuerpo tatuado de cicatrices, restos de antiguas reyertas. La clave, y la dificultad, reside en intentar no juzgar y tratar de comprender los sentimientos de aquellos que se cruzan en nuestro camino. Aceptar lo diferente, convivir con el desacuerdo, abrazar el fracaso, guardar el orgullo y respetar al otro.

Entender nuestro ego y adquirir conciencia de su forma de actuar es el primer paso para recuperar nuestro verdadero ser. Internarnos en lo más profundo de nosotros, aunque duela, para conocer y evolucionar. La transformación siempre implica sufrimiento o sabiduría, y ese sufrimiento es el que hace añicos el cristal que nos aleja de la comprensión.

Olvidar nuestra imagen reflejada en el espejo y adentrarnos en él, para reconocer miedos, rabias, vergüenzas, culpas, alegrías y tristezas. Sumergirnos en las profundidades para identificar causas y efectos, para crecer, para tratar de SER.

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