Opinión

Eres tú y soy yo

Por
  • JAVIER VIEITES BERNAD
OPINIÓNACTUALIZADA 18/08/2020 A LAS 02:00

Sin una personificación del villano, resulta más complicado para todos calibrar la amenaza que se cierne.

Siendo una aproximación útil, conviene no obstante reflexionar algo más acerca del enemigo que hoy enfrentamos.

A diferencia de un ser vivo, un virus es una entidad incapaz de replicarse por sí misma. Únicamente puede hacerlo mediante la maquinaria presente en las células del huésped que infecta.

Un virus no sabe que es un virus, ni el daño que causa. No tiene conciencia de lo que provoca, ni un significado, ni un propósito. Un virus es "entorno".

Su única guía es la afinidad bioquímica de sus componentes -proteínas, glucoproteínas, material genético, etcétera- hacia los de las células de determinados seres vivos. Y esa querencia y compatibilidad química son las que hacen que las células invadidas repliquen el material genético del virus como si fuese propio.

Además, concretamente este virus requiere de nuestra ayuda (directa o indirecta) para contagiar a un nuevo individuo. Por sí solo es incapaz.

Haciendo un paralelismo con una sustancia conocida, pensemos en el cianuro. Se trata de una molécula presente de forma natural en algunos microorganismos y plantas a modo de protección.

El ion cianuro es un tóxico bien estudiado que bloquea el proceso de respiración celular. A cierta concentración es letal. Y químicamente muy sencillo: un átomo de carbono y otro de nitrógeno unidos de un modo particular.

Imaginemos que el cianuro fuese, por ejemplo, capaz de auto-replicarse dentro del cuerpo humano. Nuestro organismo tiene una gran cantidad de carbono y nitrógeno, con lo que los materiales para multiplicarse estarían ampliamente disponibles. Imaginemos también que este tóxico pudiese pasar de una persona a otra a través de minúsculas gotas de saliva al hablar.

En este supuesto inventado, la persona envenenada sería potencialmente capaz de producir cianuro en su organismo y envenenar a otras personas de su entorno.

Suena familiar, ¿verdad? El virus no tiene sentido sin nosotros. Somos nosotros los que lo replicamos y lo transmitimos a otras personas.

El virus es tan sólo un "tóxico sofisticado".

Es nuestro veneno el que envenena a los demás.

El virus eres tú y soy yo.

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