Opinión

Influyentes frente a la pandemia

Por
  • ANTONIO NADAL PERÍA
OPINIÓNACTUALIZADA 26/08/2020 A LAS 02:00

Muy decepcionado tiene que estar Fernando Simón para que les pida a los "influencers" que ayuden a controlar la epidemia del coronavirus. Entre estos influyentes habrá de todo, pero sospecho que abundan los que el peligro sanitario les trae al fresco y se dedican a influir sobre tendencias, moda y belleza. Los habrá que se tomen en serio los peligros del virus y los que no crean en la pandemia. Lo que no influyan sanitarios, científicos y medios de comunicación con sus advertencias diarias sobre contagios y fallecimientos, mal podrán hacerlo los "influencers". Los medios de comunicación deberían evitar transmitir los mensajes equivocados y confusos de famosos y famosillos como Miguel Bosé que no tienen ni idea del alcance de la pandemia. Este cantante acusa un día a los gobiernos de aprovechar el virus para privar de sus derechos al ciudadano, negando la existencia del peligro, y al día siguiente dice que el virus existe y mata mucho. Las elucubraciones y palabras de este y otros individuos deberían llevárselas el viento y no propagarse a través de los medios de comunicación, ya que son inevitables en las redes sociales. Que no haya un filtro en la prensa para bulos y tonterías es preocupante. Algunos influencers son como los zorros al cuidado de un gallinero. Influencers famosos en España hay unos cuantos y destacan los siguientes: Dulceida, seudónimo de Aida Domènech, una joven barcelonesa que siente pasión por la moda. El Rubius, apasionado de los videojuegos. Laura Escanes, modelo de profesión. Pelayo Díaz, experto en moda. Jessica Goicoechea, modelo. Sara Escudero, moda y viajes. Y así una larga lista de nombres dedicados a moda, viajes y estilo moderno de vida. ¿Hace bien Fernando Simón en confiar en ellos o se equivoca? También es preocupante que el Gobierno aragonés no cierre los prostíbulos, lugares para una perfecta transmisión del virus, negocio en donde por antonomasia se practica la promiscuidad y no se respeta la distancia personal. Los clientes, además, no están bajo control de los rastreadores. ¿Acaso piensa el presidente de la DGA que la prostitución es un servicio esencial? ¿Es posible mantener las medidas de protección en esos lugares de relaciones íntimas? Que cierren salas de ocio nocturno y abran los prostíbulos parece una mala broma y es, desde luego, una pésima decisión.

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