Opinión

Dos mujeres para Petra K

Por
  • JAVIER GARCÍA ANTÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 18/12/2020 A LAS 01:00
Dos mujeres para Petra K
Dos mujeres para Petra K
S.E.

Igual que todos los santos tienen novena, todo libro tiene etapas que confluyen en el momento en el que el lector lo hace suyo, lo interpreta y, como en cierta ocasión me explicaba Tàpies, lo convierte en una obra propia cuyo final, quién sabe, nada tiene que ver con el planificado por quien lo crea y suscribe. En el proceso, interfieren las presentaciones, que constituyen el barómetro de la presión a la que va a ser sometido. Cuando es aceptado, cuando la música suena bien, todo fluye.

La puesta de largo de "El secreto de Petra K" dibujó en el Manuel Benito Moliner las líneas de una sensación de fluidez. En su caudal, como en el de un río, se entremezclan las tranquilas aguas junto a la orilla y el brío en el centro. En la ribera, Pepa Sánchez, una vida en las librerías y en el magisterio, esto es, pura paz y serenidad. La que precisa poner el punto exacto en la descripción del alma y de los hechos (por sus obras los conoceréis) de la autora. Estilo (y Estilo). Seda. En el centro, Teresa Ramón, la corriente imparable de una vida intensa y extensa, sin límites. Complementarias, amigas imprescindibles. Son la expresión de un feminismo estricto y puro, sin alharacas ni epítetos.

Resulta tan prodigioso ese cruce de caracteres que, en verdad, aunque ellas no lo saben, para tan celestial misión como evangelizar sobre la vida de Petra K, las unió la providencia.

De hecho, la novela de Teresa está repleta de dualidades, de entradas y salidas entre la narradora y el personaje, de brillo y sordidez, de explosión fabulosa de todas las artes, de psicología humana, de sociología, de amor y de humor, de contrastes, de Huesca y Nueva York, de Italia y el Caribe, de las entrañas de la autora. Desnudez total. Generosidad y libertad. Léanlo.

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