Opinión

No todo es negativo

Por
  • TEÓFILO MARCO ESTELLA
OPINIÓNACTUALIZADA 10/01/2021 A LAS 01:00

Como la historia es, según Cicerón, "testimonio del tiempo, luz de la verdad, reflejo de la antigüedad", el que la escribe debe ser muy sincero y no reflejar solo su ideología en lo que dice.

He leído que las Cruzadas que emprendió la Cristiandad para libertar los Santos Lugares, donde nació, vivió y murió el Divino Redentor Jesucristo, del poder de los musulmanes, fueron malas, perversas y más calificativos negativos. Afirmar que todo fue así es una exageración, y bien se ve que algunos escriben con malas intenciones.

La palabra "Cruzadas" viene de que los que tomaban parte en ellas llevaban una cruz roja sobre el hombro derecho. Y la causa "principal" fue el entusiasmo religioso, que impulsó a los cristianos a libertar el Sepulcro de Jesucristo del poder musulmán. Y también el remordimiento de los pecados cometidos fue el que llevó a muchos a las Cruzadas, para pagar las deudas con la Divina Justicia ganando las indulgencias concedidas por los papas.

Sí, hubo también otros motivos negativos: el espíritu aventurero de los germanos, especialmente de los normandos, acostumbrados a buscar empresas de riesgo; los medios de prosperar y ennoblecerse con hazañas; la codicia de riquezas y ambición de dominio que confiaban otros alcanzar en Oriente. Este fue el móvil, particularmente de los venecianos y de otros italianos, y tuvo esto no pequeña parte en el mal resultado final.

No todo negativo, produjeron también bienes: pusieron en contacto a todos los pueblos de Europa, bajo un ideal e interés común. Alejaron de su territorio a los señores feudales, aliviando así a sus vasallos y favoreciendo el desenvolvimiento de las ciudades industriales y mercantiles. Fomentaron los conocimientos, establecieron las comunicaciones ente Oriente y Occidente y dieron gran impulso al comercio y a la marina. Las materias colorantes azafrán, índigo, rojo turquí, las especias de la India y la caña de azúcar se deben a la importación de los Cruzados. Y detuvieron la invasión musulmana, que acaso hubiera rendido a Constantinopla tres siglos antes, con peligro de derramarse por toda Europa.

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