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Sánchez, ese especialista en ‘photo opportunity’

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 22/08/2021 A LAS 00:00
Pedro Sánchez durante una visita al dispositivo de atención y acogida de ciudadanos europeos y colaboradores afganos instalado en la base aérea de Torrejón de Ardoz.
Pedro Sánchez durante una visita al dispositivo de atención y acogida de ciudadanos europeos y colaboradores afganos instalado en la base aérea de Torrejón de Ardoz.
EFE

Pedro Sánchez ha regresado de La Mareta más convencido que nunca, parece, de que una imagen presencial con von der Leyen, Josep Borrell y Charles Michel, que son los que mandan en la Unión Europea, vale más que mil palabras al teléfono con Macron, Merkel, Johnson o Draghi, personajes que, de cualquier forma, no parecen ser fluidos interlocutores del presidente del Gobierno de España. Así que, como en la mejor época de Iván Redondo, montó para este sábado la ‘cumbre’ de acogida de los desdichados refugiados afganos en el aeródromo de Torrejón. Y ahí están las imágenes de la irrupción presidencial en el área de gol de las ‘photo opportunity’ tras sus criticadas vacaciones. Claro que criticar, como hacen algunos círculos conectados con la oposición, en todo, todo el tiempo y en todas partes lo que hace o no el presidente me parece un mal método. Que nada menos que el prestigioso alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, ejerciendo como portavoz del PP, se lanzase a un ataque mordaz por el hecho de que Sánchez estaba en alpargatas (o similar) durante una videoconferencia en Lanzarote, de la que ya se ve que acabó saliendo la ‘cumbre de Torrejón’, queda algo demagógico, por decir lo menos. Creo que ciertos comentarios sobre las zapatillas de Sánchez le han fortalecido más que a sus detractores instalados en el ‘no a todo’, que es, a mi juicio, errada forma de hacer política. Conste que no estoy defendiendo a Sánchez, cuya opacidad y falta de generosidad con sus adversarios políticos son dignas de la más severa crítica: clama al cielo que, con la que está cayendo, aún no haya convocado a Pablo Casado a La Moncloa. Ni tampoco, por supuesto, estoy atacando, así sin más, a la oposición. Solo digo que, hoy por hoy, el presidente, que tiene el BOE y los recursos del Estado a la mano, va ganando en la batalla de la comunicación, y mira que la comunicación gubernamental es mala: es el duelo por las apariencias, y ahí Sánchez, con o sin Ivan Redondo, es insuperable, al menos de momento. El caso es que la dolorosa crisis de Afganistán está sirviendo para reforzar la imagen de Sánchez solidario, europeísta, bastante más de lo que la ha dañado el aparente desprecio de los mandatarios francés, alemana, británico e italiano a la hora de contar con el Gobierno español en la búsqueda de remedios al tema afgano. Veremos en qué para el ‘hub’ humanitario de Torrejón: ojalá sirva para algo más que para demostrar que en el Gobierno español -en la parte del Gobierno español que hace algo efectivo, claro- sigue habiendo quien sepa vender humo, lleve el calzado que lleve. Confiemos en que, tras ese humo, haya algo más que devastadores incendios. O efímeras oportunidades para lucir el palmito. 

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