Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

Pues claro que el Infierno existe

Por
  • Félix Rodríguez Prendes
OPINIÓNACTUALIZADA 10/11/2021 A LAS 00:05
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Celebración de Halloween.
Pablo Segura

Benedicto XVI ya dejó claro que no es posible decir que se cree en Jesucristo pero no en la Iglesia porque la Iglesia es su obra y forma el Cuerpo Místico del que Èl es Cabeza. Estando en Cesarea de Filipo Jesús le dijo a Pedro: “Lo que atares en la tierra quedará atado en el Cielo…”(Mat.16,19)) y (Mat.18,18). La iglesia tiene definido en el Catecismo, en el punto 1033: “Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios significa permanecer separado de Él para siempre por nuestra propia y libe elección. Este estado de exclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno”.

Dios nos ha creado para que todos nos salvemos: esa es la llamada universal a la santidad que el Señor inspiró a San Josemaría y que después fue recogida en el Concilio Vaticano II. Dios nos ha creado tan a su imagen y semejanza que nos ha dotado con el atributo de la libertad y hasta tal punto que, siendo criaturas, podemos ningunear, negar e incluso combatir a Dios. De modo que “Dios no predestina a nadie a ir al infierno, para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal) y persistir en él hasta el final” (Cat. 1037). En el último instante, Dios en su infinita misericordia, está dispuesto a perdonar, porque Él quiere que todos nos salvemos. Es lo que hizo por ejemplo San Dimas –el buen ladrón- que como buen profesional “le robó la cartera al Señor” en el último momento y se coló en el Paraíso.

Si vivir en el cielo es estar con Cristo (cf. Jn 14, 3; Flp , 1) y por tanto “el cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él” (Cat. 1027) y “esta contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia “la visión beatífica”. El Señor no puede “condenar” a nadie que hasta el final le ha negado y combatido a estar eternamente alabando a Dios, sería violentar su libertad. La representación arcaica del infierno como un horno ardiendo sin consumirse es una forma de querer hacer entender lo horrible de la situación que significa estar alejado de Dios para siempre jamás.

Jesús habla con frecuencia de la existencia del infierno (Mt 5, 22-29; 10, 28; 13, 41-50; Mc 9, 43-48) y como ejemplo,: “¡Alejaos de mí, malditos al fuego eterno!” (Mt. 25, 41) y los católicos creyentes, practicantes y que vivimos en la comunión de la Iglesia creemos en la existencia del infierno, aunque no podemos decir de nadie que esté en él porque el último segundo de la existencia de cada cual solo lo comparte con Dios.

Esta reflexión viene a cuento, desde que Gregorio III instituyó la fiesta de todos los santos en día 1º del mes de noviembre en el siglo VIII, trasladándola del 13 de mayo en que se celebraba anteriormente. La Fiesta de todos los santos, se ha vuelto a paganizar con la moda actual del Halloween, que en realidad en el origen también era una fiesta cristiana; Halloween solo es la contracción de All hallow´s eve que significa “víspera de todos los Santos” y que está siendo aprovechada por algunos para poner en cuestión la existencia del Infierno, haciéndonos creer que solo es una invención de la Iglesia para, con el temor, acrecentar su dominio sobre los fieles. La influencia del cine y de los EE.UU. han conseguido que lo que era una fiesta que celebraba la alegría por las almas que están en el paraíso y que suponen la esperanza de que nos suceda lo mismo, se ha convertido en festejar la caducidad de los cuerpos disfrazándose de cadáver, de esqueletos vivientes o de zombies que a lo único que conduce es a creer que después de la muerte solo está la nada y entonces da igual que haya infierno como que no. “El necio que dice en su corazón “no hay Dios” se encamina a la corrupción moral” (Pío XI).  

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