Opinión

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La Colau más ignorante

Por
  • Luis del Val
OPINIÓNACTUALIZADA 23/11/2021 A LAS 00:05
Ada Colau.
Ada Colau.
EFE

Un catalán, que accidentalmente es ministro de Cultura, ha calificado la negativa del Ayuntamiento de Barcelona a recordar a Don Quijote de La Mancha con una estatua, como una catetada.

Una catetada podría tener disculpas, pero se trata de algo mucho más grave: la ignorancia y la incultura, envuelta en grandes dosis de superioridad.

La tercera salida del Quijote estaba prevista que fuera a Zaragoza, pero Cervantes llevó a sus dos personajes universales a Barcelona. Y el escritor llenó de elogios a la ciudad, y hay calles en Barcelona dedicadas a la novela de Cervantes, en agradecimiento a las referencias de su novela, e incluso el mejor archivo cervantino del mundo se encuentra en la Biblioteca de Cataluña.

Naturalmente todo esto no lo saben, ni la peor alcalde que ha tenido esta amada y querida ciudad, ni la pandilla de mariachis iletrados que la sostienen y acompañan. Los pobres no tienen tiempo de leer ni saben que la primera ocasión en la que el nombre de Barcelona fue conocido por el ámbito cultural en todo el mundo fue tras la impresión del Quijote y sus numerosísimas, y casi planetarias, traducciones. Luego, a medida que pasaban los siglos, lo que estaba al alcance de unos pocos, que sabían leer y escribir, pasó a conocimiento de la mayoría, excepto de Ada Colau y su mariachi de analfabetos que, los pobres, como no tienen tiempo de leer, todavía no saben lo que dice Cervantes, a través de Don Quijote, de Barcelona.

Es curioso que, en tiempos de la Dictadura, Barcelona brillaba como la única ciudad de España con aromas de ciudad europea. Y, ahora, tras la legítima ocupación de la alcaldía, llevada a cabo por Colau y sus ignorantes, es cada vez más chaparra y pueblerina.

Lo peor de la superioridad sectaria es la caída en el terraplén del ridículo más intenso, ese que provoca la mofa y la burla, y convierte a los pretendidos superiores en unos pardillos, tontos contemporáneos que van vestidos con la desnudez de su asombrosa incultura.

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