Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA 

El legado de Joaquín Costa en Huesca, no en Madrid

Por
  • Joaquín Palacín Eltoro, Presidente de Chunta Aragonesista
OPINIÓNACTUALIZADA 11/05/2022 A LAS 00:05
Despacho de Joaquín Costa.
Despacho de Joaquín Costa.
Elena Fortuño

Joaquín Costa nació en Monzón en 1846, pero pasó su infancia y parte de su adolescencia en Graus y Huesca, ciudad esta última donde estudió el bachillerato (1864) y donde obtuvo el título de maestro (1869). En 1867 una beca como observador de la Exposición Universal de París abre su mente a nuevos mundos e influencias y le sirve para publicar “Ideas apuntadas en la Exposición Universal de 1867 para España y para Huesca”, o para copiar el aparato que había creado Ernest Michaux en 1860, la primera bicicleta a pedales, que a posteriori serviría para que el herrero Mariano Catalán realizara, junto a otro oscense, el administrativo Gregorio Barrio, el 20 de marzo de 1868 el primer viaje en bicicleta del que se tiene constancia en España, el trayecto Huesca-Zaragoza-Huesca.

Costa inició su intervención en la vida pública con la creación en 1891 de la Liga de Contribuyentes de Ribagorza, en 1900 participó activamente en el movimiento Unión Nacional y, tras su fracaso, se unió al Partido Republicano como candidato a las elecciones a Cortes en 1903. Enfermo, se retiró poco después a Graus donde pasó escribiendo los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1911.

Joaquín Costa fue autor de numerosas monografías, artículos en revistas especializadas y colaboraciones en la prensa periódica de su época. El objeto de sus publicaciones es muy amplio y abarca diferentes disciplinas: derecho, educación, antropología, política, historia, geografía, colonialismo, agricultura, filología, etc.

En el Archivo Histórico Provincial de Huesca se conserva actualmente una parte importante de lo que fue archivo de Joaquín Costa, compuesto por tres lotes de procedencia diferente:

Cajas 1 a 33, con documentos adquiridos por el Ministerio de Cultura en subasta celebrada en la Sala Durán de Madrid el 24 de junio de 1983; cajas 34 a 96, documentos adquiridos por el Ministerio de Cultura en 1984, directamente a los propietarios tras quedar desierta una segunda subasta en la Sala Durán; cajas 97 a 123, documentos procedentes del Archivo Histórico Nacional, Sección de Diversos, Títulos y Familias. Estos últimos documentos se encontraban tras la guerra civil en un baúl hallado en la Biblioteca Nacional, donde se cree que habían llegado durante la guerra procedente del archivo de Tomás Costa en Los Navalmorales (Toledo). Su traslado al Archivo Histórico Provincial se autorizó por Orden del Ministerio de Cultura de 14 de noviembre de 1984.

Estamos hablando de documentos producidos o reunidos por Joaquín Costa en sus ámbitos familiar, profesional o político, con una tipología documental muy variada, que van desde datos sobre costumbres populares recogidos en pueblos del Alto Aragón a, de forma destacada, la correspondencia, formada por casi 10.000 cartas enviadas o recibidas de las personas más influyentes de la época, por eso los estudiosos de Joaquín Costa tienen como referencia principal el archivo oscense.

En el despacho de la casa de Graus, quedaba un grupo numeroso de legajos con correspondencia, notas, recortes de prensa, unos 50.000 documentos en total, que recientemente han sido adquiridos por el Ministerio de Cultura y trasladados a Madrid, concretamente al Archivo Histórico Nacional para su digitalización y conservación.

Desde Chunta Aragonesista consideramos que el legado adquirido debe tener como destino final el Archivo Histórico Provincial de Huesca, por dos principales motivos, que debe ser un único lugar donde se guarde todo el archivo personal de Joaquín Costa y que este debe estar ubicado en su tierra, el Alto Aragón. Su traslado solo depende de la voluntad política, dado que estamos hablando de una institución, que tiene transferida al Gobierno de Aragón el personal y la gestión, pero que es de titularidad estatal, por lo que se trata de un cambio de ubicación física, de Madrid a Huesca, sin cambio de propiedad.

Y es que en un momento en el que se habla desde el Gobierno de España de desconcentración de las instituciones del Estado y deslocalización de la administración, no se entiende que con el dinero de todos y todas se tomen caminos en la dirección contraria.

En 1911 cuando murió Joaquín Costa, su hermano Tomás dio autorización para que el cuerpo del difunto fuera enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, pero este nunca llegó a destino porque una gran cantidad de personas detuvo en Zaragoza el tren que transportaba sus restos mortales, y tras una impresionante manifestación popular tuvo que ser sepultado en Aragón, en el Cementerio de Torrero en Zaragoza, donde se construyó un mausoleo cuyo proyecto ganador fue firmado por el escritor Manuel Bescós (Silvio Kossti) y el pintor Felix Lafuente Tobeñas, oscenses ambos.

Si su cuerpo descansa en Aragón, su legado también debe estar en Aragón. Estamos seguros que así lo hubiera querido “el León de Graus”. 

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