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Pero ¿quién aconseja a Feijóo?

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 30/07/2022 A LAS 00:05
Alberto Núñez Feijóo.
Alberto Núñez Feijóo.
Jorge París

Temo que el balance de fin de curso, este jueves, de Alberto Núñez Feijóo, en su afán por adelantarse al que iba a hacer este viernes el presidente del Gobierno, fue un acto fallido e inoportuno, aunque estuviese bien, en mi opinión, la estructura de la crítica al Gobierno, que era lo que correspondía. Supongo que sus asesores en Génova habrán tomado nota de que lo más comentado en círculos periodísticos sobre esa comparecencia, aderezada con aplausos de ‘los suyos’ y en un marco tan extraño como las afueras del Senado, fue que no se permitieron preguntas de los informadores.

De lo mal que sientan esas ‘apariciones sin preguntas’ a mis colegas (y a mí mismo, claro) es algo de lo que ya se ha percatado hasta Pedro Sánchez, a quien el contacto con la gente de los medios le produce ictericia; pero creo que, a pesar de algunas torpezas de sus colaboradores, ha empezado a entender que es un fastidio que va con el cargo y con el sueldo presidencial. Y conste que siempre he elogiado la en general buena disposición de los líderes del PP -bastante mejor, hasta ahora, que la de los socialistas gobernantes- para atender a los periodistas, que son, al fin y al cabo, los intermediarios entre las fuentes y la ciudadanía.

No sé quién aconsejó al líder de la oposición comparecencia tan inconveniente como la del jueves, justo el mismísimo día en el que Sánchez recibía en La Moncloa a algunos ‘barones territoriales’ del PP, anulándose mutuamente los respectivos mensajes, que deberían haberse dosificado de cara a la opinión pública y publicada.

A Feijóo yo le daría un notable no muy alto en cuanto al fondo de su crítica de este jueves a la trayectoria del Gobierno, aunque algunas ideas alternativas más podría haber aportado; qué duda cabe de que la actividad de ‘los monclovitas’ en los últimos meses merece más de un comentario negativo, desde el ‘cambio de rumbo’ respecto al Sáhara hasta la pésima gestión del ‘Pegasus’, pasando, si se quiere, por la escasa transparencia en la mesa negociadora con el Govern de la Generalitat. Feijóo lo tenía fácil.

Lo peor, sin embargo, es la escasa disposición de Sánchez a negociar transversalmente con la oposición cuestiones tan importantes como la gestión de la crisis en lo que puede ser este otoño una ‘economía de guerra’, la política exterior o la institucional, sobre todo en lo referente a la justicia. Puede, por cierto, que crítica similar se pueda hacer, el algún aspecto y en menor grado, al PP. No basta con hacer ofertas genéricas al Ejecutivo de colaboración ‘con condiciones’: hay que mostrar una inequívoca voluntad de no tensar la cuerda del país hasta extremos que lleguen a ser insostenibles, por ejemplo en lo referente a la renovación de los órganos judiciales.

En ese sentido, Núñez Feijóo desaprovechó lo que podría haber sido una rueda de prensa importante, de manera que, en aras de recibir el aplauso complaciente y casi obligado de los que en torno a él se arremolinaban, limitó su mensaje y convirtió aquello en un mítin y no en un encuentro informativo. Lástima, porque al político gallego corresponden algunos de los mejores y más razonables discursos que he escuchado en los últimos años, comenzando por el que clausuró, en abril, el congreso del PP que le entronizó como presidente del partido. Pero aquel congreso cuidó mucho también las formas, hasta el punto de que el nuevo líder se acercó a la inmensa sala de prensa sevillana donde nos arremolinábamos cientos de periodistas, y nos saludó uno a uno.

Y, en este apartado, el de las formas, no se puede sino darle un suspenso en esta particular comparecencia suya del jueves a las puertas de la Cámara Alta, rodeado de árboles y de pelotas. Ha de tener algo más de cuidado el PP con esto de las formas triunfales (y hablo, por ejemplo, de la toma de posesión, que parecía un espectáculo de Disneylandia, de alguien tan poco cuestionable como Moreno Bonilla). Y también con desconfiar de las encuestas halagüeñas, que son flor de un día. Y de esto Sánchez, que repito que algo va aprendiendo día a día, sabe ya un rato. No hay más que ver cómo se monta sus ‘balances de fin de curso’ -nada autocríticos, claro, pero ese es un mal común en la política española- para comprobarlo. A mí, debe decirse el presidente, no me tose nadie. A Feijóo, a veces, ejem ejem.  

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