Opinión

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‘Venta a Alemania, Pedro’

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 30/08/2022 A LAS 00:05
Imagen de archivo de Scholz, Sánchez y Costa.
Imagen de archivo de Scholz, Sánchez y Costa.
EFE

Vente a Alemania, Pepe’ fue una magnífica película de Pedro Lazaga que, en 1971, retrataba una dura realidad sociológica y económica: la necesidad de muchos miles de españoles de emigrar, sobre todo a la ya próspera Alemania, para mejorar sus tristes condiciones de vida. Alemania ha sido desde entonces para los españoles todo un símbolo de riqueza y de buena organización social y política, incluyendo las grandes coaliciones. Ahora, en otros plano, estamos igual: una invitación del canciller germano Olaf Scholz a Pedro Sánchez, para que incluso participe en una reunión gubernamental en Berlín, ha encendido muchas esperanzas y no pocas especulaciones: ¿se consolida una era de alianzas socialdemócratas con un eje Scholz-Sánchez? Creo que, pese al entusiasmo que trata de irradiarse desde La Moncloa, convendría ser cautos al respecto. Sánchez, casi como el Alfredo Landa de la película de Lazaga, tiene demasiadas esperanzas puestas en ese eje Berlín-Madrid, incluso pasando por encima de París, que ya es mucho pasar. Cierto que el presidente español y el canciller germano tienen, parece, más allá de la militancia socialdemócrata, un buen entendimiento personal y parecidos intereses, que no pasan por los de Macron, en materia energética, que va a ser la canción triste del otoño. Puede, incluso, que Scholz ayude a Sánchez a hacer realidad su sueño de presidir en noviembre la Internacional Socialista, como hace cuarenta años el canciller Brandt ayudó a Felipe González a hacerse con el poder en España, un aniversario que en octubre va a acaparar no pocas celebraciones en varios puntos de España. Pero hasta aquí, nada más y nada menos. La locomotora europea es y seguirá siendo franco-germana. Apoyado con entusiasmo por Ursula von der Leyen, Sánchez está jugando, hay que reconocerlo, un papel bastante digno en la UE. Pero, pese a ser la cuarta potencia de la Unión, España no pasa, aún, de ser un socio ‘menor’, con oscilaciones, zigzags e inseguridades jurídicas conteplados con desconfianza en Bruselas. Así que veremos hasta qué punto Scholz, que por supuesto quiere apoyar la campaña electoral del PSOE, se vuelca en favor de un Sánchez desfavorecido en las encuestas y que ahora se lanza a ‘escuchar’, según el programa de actuaciones que presentará el PSOE, a los españoles*pero sin olvidar que sus triunfos residen más bien en el exterior del país. Claro, Sánchez no es el emigrante que, con una maleta de cartón, tomaba un vetusto tren para irse a Hamburgo o a Bonn. Ni España vive sumida en la indigencia política y cultural de entonces, ni mucho menos. Tampoco, por cierto, esta Alemania es aquella, aún partida en dos y viviendo las secuelas de la posguerra. Las condiciones son muy distintas, pero el respaldo alemán a la economía y a la política practicada por Pedro Sánchez sigue siendo clave, al menos hasta que Madrid se convierta en la sede de la presidencia de la UE en el segundo semestre de 2023, inmediatamente antes de las elecciones generales. El presidente español sabe que su mejor baza son las relaciones internacionales, mucho más que las polémicas en el interior sobre casi todo, incluido el aborto que será aprobado este martes por el Consejo de Ministros. Se lo decía Gorbachov a Felipe González, con rostro de innegable tristeza: “Me queréis mucho más en España de lo que me quieren en Rusia”. Sánchez, con su programa de treinta visitas a España, no puede dejar de seguir viajando al extranjero: allí no le votan, pero pueden inclinar muchos votos a su favor. Si hace los deberes como conviene, claro.  

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