Opinión

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Esquizofrenia en el poder judicial

Por
  • Antonio Casado
OPINIÓNACTUALIZADA 17/10/2022 A LAS 00:05
Rafael Mozo presidió ayer el pleno en el que se le eligió como nuevo presidente del Poder Judicial.
Rafael Mozo presidió ayer el pleno en el que se le eligió como nuevo presidente del Poder Judicial.
EFE

El minuto y resultado del “estropicio”, como hubiera dicho Carlos Lesmes, ya expresidente del Poder Judicial, se centra ahora en el vacío legal que impide fundamentar su sustitución al frente de la hasta ahora inseparable presidencia del CGPJ y del Tribunal Supremo.

La voluntad mayoritaria de los vocales ha decidido que la presidencia del Consejo recaiga en el de mayor edad entre los suyos, el “progresista” Rafael Mozo. No sirvió de nada el previo informe técnico del órgano de los jueces, que apuntaba a la sustitución automática en favor del “conservador” vicepresidente del Tribunal Supremo, Francisco Marin Castán, en base a que TS y CGPJ son instituciones indisociables en la cúpula.

Resultado: por sobrevenida necesidad de cubrir un vacío normativo se ha creado una esquizofrenia institucional. La “indisociable” presidencia del TS y el CGPJ ha quedado “disociada”. No por ley, sino por votación de los miembros de una de las dos instituciones en juego (órgano de gobierno de los jueces y máximo órgano jurisdiccional). No era esta la previsión del “conservador” Carlos Lesmes cuando estaba preparando la espantada. Aunque los vocales del Consejo le han agradecido públicamente los servicios prestados durante sus cuatro años de mandato ordinario y otros cuatro de mandato caducado, conservadores y progresistas hicieron caso omiso de su ecuación favorable a una suplencia automática en la persona del número dos del TS, Francisco Marín Castán.

El perfil autoritario de Lesmes -mano de hierro en guante de seda- tampoco le había servido antes para persuadir a los vocales conservadores del Consejo de que no pasaba nada por facilitar la renovación del Tribunal Constitucional (el CGPJ debía proponer a dos aspirantes) sin esperar a la renovación pendiente del CGPJ. Fue la gota que colmó el vaso de su paciencia. Ahora ya es historia como el más duradero de los presidentes del Poder Judicial en la España democrática. Una víctima de la insensata incomunicación entre el que gobierna, Pedro Sánchez, y el que aspira a gobernar, Núñez Feijóo (antes Pablo Casado). Como consecuencia de su incapacidad para poner de acuerdo al PSOE con el PP en la renovación del gobierno de los jueces, Lesmes perdió la paciencia y acabó tirando por la calle del medio. La del ahí os quedáis porque me tenéis harto. Se fue tras la enésima verificación de que los partidos no supieron o no quisieron recuperar la normalidad para una Administración de Justicia atrofiada por la acumulación de vacantes en los tribunales ordinarios. Por el culpable tráfico de posiciones de poder. En el fondo no es más que eso. Tanto el PSOE como el PP querían y siguen queriendo lo mismo: el control de las instituciones en favor de sus respectivos intereses de partido. Carlos Lesmes fue la víctima de ese juego. Y ahí seguimos. 

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