Opinión

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‘Felipemanía y sanchismomanía’

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 24/10/2022 A LAS 00:05
El expresidente del Gobierno, Felipe González
El expresidente del Gobierno, Felipe González
Efe

Vamos a tener esta semana Felipe (González) y, por extensión, Pedro (Sánchez) hasta en la sopa. Porque este viernes se cumplen los cuarenta años de aquella histórica ‘foto del Palace’, que reflejaba la victoria del PSOE en unas elecciones tras casi medio siglo. Claro, Sánchez era entonces un niño de diez años. Pero ahora se abona al autobús del aniversario, porque González, con todos sus vaivenes, que vaya si los ha habido, sigue teniendo una imagen de estadista que su sucesor remoto ahora en La Moncloa quiere cultivar. 

Sí, vamos a tener ‘felipemanía’ esta semana, una buena dosis de historia relacionada con el hombre que se hizo con el PSOE en Suresnes en 1974 y con el gobierno de España el 28 de octubre de 1982; pero también habrá algo de ‘sanchismomanía’ en las celebraciones. Atención a lo que se diga (y a lo que no) en Sevilla el próximo sábado. Muchos medios se muestran nostálgicos en estas horas.

También han aparecido y se están presentando algunos libros sobre el tema, uno de ellos escrito por mí mismo. Unos, para hacer historia. Otros, supongo, con deseo de comparar lo que fue aquel partido socialista y lo que actualmente es: más presidencialista y más desideologizado, pero con las mismas siglas PSOE acuñadas por Pablo Iglesias Posse en 1879, ciento cuarenta y tres años ya. 

Pregunté a Felipe González por qué, con todas las diferencias que había exhibido con Pedro Sánchez, había sin embargo acudido al 40 congreso del partido, celebrado en octubre de 2021 en Valencia ‘ad maiorem gloriam’ del actual secretario general: “Porque, aunque tú no te lo creas, yo soy del PSOE”, me dijo. 

Me dio una clave: el orgullo del militante es seguramente la razón por la que esta formación no ha volado por los aires en las muchas ocasiones en las que, desde lo de Indalecio Prieto y Largo Caballero, ha tenido para hacerlo. Pienso que no es baladí ni gratuita esta comparación entre el ayer y el hoy. 

Ya se sabe que hay que estudiar la Historia para no repetirla. O para repetir lo que mereció la pena, como aquel espíritu de concordia y de construir país que dominó la Transición y que ahora brilla por su ausencia. Aquellos pactos de La Moncloa, la foto cuyo único superviviente hoy es Felipe González (bueno, y también Nicolás Redondo Urbieta, el exlíder de UGT, de avanzadísima edad y retirado de cualquier actividad pública). Aquellas escenas del sofá entre Fraga y González. 

Declarar muerto el ‘espíritu del 78’, como quería Pablo Iglesias (Turrión) era, es, una insensatez: no podemos renunciar, lo digo ahora que tan en boga está la ley de memoria histórica, a nuestro pasado. Lo que ocurre es que la Historia la escriben los vencedores y, por hoy, el vencedor se llama Pedro Sánchez, que ha agraviado a algunos dirigentes históricos del socialismo apropiándose en cierto modo (hay que ver el vídeo elaborado desde Ferraz y difundido también estos días de conmemoración) de los logros trabajados en ese pasado. 

No quiero, empero, ahondar en esa herida. Sánchez, legítimamente, paladea en estos instantes el triunfo de ‘sus’ presupuestos, que serán debatidos esta semana, y esa algo impostada y no tan real ‘estabilidad’ frente a otros ejemplos europeos como Italia o Reino Unido. Ha pasado mucha agua bajo los puentes en estos cuarenta años. Seguramente no se puede gobernar hoy como ayer. Pero hay un talante, y quizá también un talento, que recuperar. Estos días son irrepetibles para meditar al respecto. 

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