Opinión

TRIBUNA ALTOARAGONESA

El punto de vista

Por
  • Fernando Alvira, vicepresidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de san Luis
OPINIÓNACTUALIZADA 14/11/2022 A LAS 00:00
Alumnos durante una clase de dibujo.
Alumnos durante una clase de dibujo.
S.E.

Una de las primeras lecciones que los profesores de dibujo y pintura deberían inculcar, creo, a los alumnos en las aulas de los institutos y en las academias que han florecido como setas en un otoño húmedo, es la que pretende dejar claro desde qué punto hay que atacar los modelos que se les proponen para el dibujo o la pintura. La adecuada ubicación del punto de vista en relación al plano del cuadro, que es el hipotético donde se supone aparecen los resultados de la perspectiva cónica que se trasladan luego al papel o la tela, resulta imprescindible para obtener un resultado que les evite posteriores sonrojos, comentarios soeces o simplemente el temido suspenso.

Es fácil comprender que si el aprendiz de dibujante o pintor se encuentra excesivamente cerca ese plano, que es como estar demasiado amorrado al modelo, asegura una distorsión y un desenfoque del mismo que derivará en un resultado escasamente apetecible. De igual modo si se sitúa demasiado alejado del objeto que pretende trasladar al papel o la tela, perderá progresivamente cualquier posibilidad de representar el modelo que se desvanecerá en la lontananza.

Semejante consideración puede realizarse cuando quien dibuja se sitúa totalmente a la izquierda o totalmente a la derecha de ese supuesto plano transparente en el que quedará marcado el paso de los rayos que parten de ese ciclópeo punto de vista y se dirigen a los puntos que determinan la forma de lo que se pretende representar. Cobrarán especial preponderancia partes del objeto que pueden no tener nada que ver con la esencia de lo que se pretende representar tanto en uno como en otro caso.

La traslación de este primer elemento del dibujo a otros aspectos de la realidad no resulta excesivamente complicada. Ante cualquier situación cotidiana, ubicarse resulta fundamental. Ni se puede estar excesivamente volcado sobre los problemas del día a día ni podemos quienes los sufrimos alejarnos de ellos en exceso. Para evitar distorsionar los problemas no se debería plantear una posición del punto de vista totalmente escorada a la izquierda ni parece demasiado útil hacerlo a la más extrema derecha.

En todo caso, añadir un punto de vista ajeno suele dar buenos resultados para comprender la realidad que deseamos analizar. En el caso de la práctica del arte justifica la existencia de los maestros en cualquiera de sus campos, de los profesores de dibujo, de escultura, de pintura, de grabado... hasta si nos ponemos exquisitos de los críticos de arte. En el caso de la vida en sociedad de la que nos hemos dotado en los últimos milenios justificaría de igual manera la existencia de expertos en la solución de los muchos problemas que nos acucian a diario que nos indiquen desde dónde hemos de mirar.

En el análisis de los problemas de cualquier tipo, en la puesta en marcha de proyectos, sea cual sea su envergadura, un punto de vista ajeno puede añadir un nivel mayor de concreción y justifica la existencia de esa figura que ha crecido por doquier en los últimos años y que conocemos por lo general como evaluadores externos (que es lo que son, fundamentalmente, quienes se dedican a la enseñanza con independencia del nivel en que lo hagan).

Expertos en solucionar problemas deberían ser también quienes deciden dedicar su vida a la política entre los que está claro que existen muchos auténticos evaluadores externos que ayudan a los ciudadanos a solucionar sus problemas. Aunque resulta lamentable que no sean estos los que suelen aparecer en los medios de comunicación de todo tipo y de ellos no se hable en tertulias, programas culturales de esos que tanto abundan en las televisiones públicas y privadas, corrillos y veladas de toda condición. Con frecuencia el punto de vista de quienes quieren dedicar su vida a la política está excesivamente cerca del objetivo que deberían resolver y no va más allá de una legislatura; o excesivamente lejos o está demasiado a la izquierda o demasiado a la derecha y distorsiona cualquier posibilidad de buscar una solución adecuada a los problemas que en teoría quieren solucionar.

Dado que en breve tenemos que ejercer el sagrado derecho al voto, no estará de más perder un poco de nuestro preciado tiempo en buscar el punto de vista que nos permita acertar con el evaluador externo que nos acompañará en los próximos cuatrienios. Lo dicho ni demasiado cerca, ni demasiado lejos, ni muy a la derecha ni muy a la izquierda…¿eso existe? (aquí viene cuando desde los cuatro puntos cardinales del arco parlamentario se oye como un eco lejano: nosotros… nosotros…)  

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