Opinión

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Vuelve, Puigdemont, que te perdonamos

Por
  • Fernando Jáuregui
OPINIÓNACTUALIZADA 13/01/2023 A LAS 00:05
Carles Puigdemont.
Carles Puigdemont.
S.E.

Dijo Pedro Sánchez, festejando hace unas horas en la sede de UGT un aniversario tan atípico como la puesta en marcha de ‘su’ Gobierno de coalición, que, por mucho que disguste  a la oposición, “el apocalipsis no va a llegar”. Y, desde luego, no es apocalíptico que Cándido Conde-Pumpido, el hombre acaso más odiado por esa derecha a la que, según las voces de La Moncloa, tanto gustaría ver cabalgar por nuestros campos a los cuatro jinetes bíblicos portadores de todas las plagas, se haya convertido en presidente del Tribunal Constitucional. Ni podrían propiamente considerarse profetas de la catástrofe total tantas otras cosas que han pasado en nuestro país en estos tres años trascurridos desde que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sellaron, con un abrazo inesperado no muchas semanas antes, el primer Gobierno de coalición en casi un siglo. Pero eso sí: ¡qué coalición!. ¡Y “qué tres años!”, como dijo este miércoles el propio presidente de ese mismo Gobierno, que tantas sacudidas ha sufrido.

El verdadero protagonista de los comentarios que he escuchado en las últimas horas no era Conde-Pumpido, cuya designación como presidente del zarandeado Tribunal Constitucional no constituyó, en realidad, una auténtica sorpresa: se estaba preparando desde hacía tiempo. El nombre que acaparaba todos los comentarios, susurrados aún, pero que será un clamor a medida que pasen las horas, era el del ex president de la Generalitat, fugado hace cinco años a Waterloo, miembro del Europarlamento y principal enemigo en el exterior del Estado español. O sea, Carles Puigdemont.

El juez del Supremo que instruye la causa del ‘procés’, Pablo Llarena, ya ha reformado el procesamiento contra los ‘fugados’ -ellos se llaman a sí mismos ‘exiliados’- a la vista de las reformas en el Código Penal, que entraban en vigor este jueves, aboliendo la sedición y abaratando el castigo por la malversación. En beneficio exclusivo de los inculpados por aquel ‘procés’, que era todo un intento de golpe en 2017, aunque puedan ser, indirectamente, otros los también beneficiados, como ya se está advirtiendo en muchos círculos.

Claro, había incluso quienes sigilosamente cometían ayer la injusticia de ligar la ‘toma’ del Constitucional por el Ejecutivo con el posible retorno de Puigdemont a Cataluña. Nada, o poco, que ver. Conde-Pumpido, castigado por una frase que pronunció cuando era fiscal general sobre las togas y el polvo del camino, será más o menos grato al Gobierno -lo es más--, pero es ingrato para los independentistas. De él no puede esperarse que facilite ni una secesión territorial, ni un referéndum de autodeterminación, y así lo advirtió en su primera declaración tras vencer este miércoles en las elecciones primarias en el ya digo que hoy desprestigiado TC. Si vuelve Puigdemont, un retorno que costaría sin duda las elecciones a Pedro Sánchez, será porque el propio Sánchez ha diseñado un programa de ‘reconciliación’ y ‘conllevanza’ con Cataluña, precisamente para evitar  nuevos estallidos como el de 2017. Y, claro, para garantizarse una mayoría en las Cortes que le permita seguir ganando votaciones en el Legislativo.

Así, Sánchez, eufórico en el tercer aniversario de su abrazo con Iglesias -que ya no está, oficialmente al menos, en la política-, estaba, en realidad, abriendo la puerta a su posible derrota en las urnas allá por diciembre, que es cuando los rumores siguen situado la fecha electoral. Para Sánchez, el Apocalipsis podría ser un retorno notorio a las calles catalanas de esos huidos por declarar unilateralmente, durante apenas unos segundos, la independencia de Cataluña y por celebrar ilegalmente un remedo chapucero de referéndum de autodeterminación.

La rebaja de penas por la malversación y por los hechos que antes constituían sedición hará que, desde luego, la secretaria general de Esquerra Republicana de Catalunya -partido, recuérdese, aliado del Gobierno central-, Marta Rovira, que estaba en el ‘exilio’, regrese de inmediato. Tal vez incluso para la ‘cumbre’ hispano-francesa que, con asistencia del ‘invitado especial’ del president de la Generalitat, Pere Aragonés, y con manifestación hostil incluida, se celebrará la semana próxima en Barcelona. Ese retorno va a ser, sospecho, el verdadero titular de los periódicos, incluyendo los franceses, y no las realizaciones del encuentro entre gobiernos con el vecino del norte.

Claro que el verdadero Apocalipsis de San Juan se corporizaría en la figura de Puigdemont si, como dicen algunos rumores  -espero que infundadamente: hay aún mucho debate leguleyo pendiente acerca de si ingresaría o no automáticamente en una prisión española_, fuese el mismísimo ex president de la Generalitat quien se personase en la manifestación ‘indepe’ en esa fecha que podría, ya digo, ser cuasi apocalíptica: el próximo 19 de enero. En efecto, “¡qué tres años!”, presidente, tan llenos de sobresaltos. Y los que nos quedan. 

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