Sociedad

CENTENARIO

Irene Navarro cumple 100 años con una memoria envidiable

La monegrina celebró su centenario en la Residencia Ciudad de Huesca

Irene Navarro cumple 100 años con una memoria envidiable
Irene Navarro cumple 100 años con una memoria envidiable
P.S.

HUESCA.- Con el frío invierno como telón de fondo y poco después de dar la bienvenida al año 1919, Irene Navarro Gazol venía a este mundo en la localidad de Lanaja, donde residió hasta hace tres décadas.

Desde entonces, esta monegrina vive su día a día "la mar de contenta" en la Residencia Ciudad de Huesca, donde este lunes sopló las velas de su cien cumpleaños rodeada de familiares y amigos.

"Estoy un poco sorda, pero no me puedo quejar de nada. Cuando me pasa algo me digo a mí misma que es normal, porque ya tengo cien años", confesó Irene Navarro a DIARIO DEL ALTOARAGÓN momentos antes de que comenzara una fiesta en su honor.

Pese a que uno de sus dos oídos no funciona correctamente y necesita una silla de ruedas para desplazarse, la altoaragonesa mantiene un brillo especial en la mirada, así como una memoria envidiable.

"Me acuerdo de todo y tampoco he perdido la lengua", dijo entre risas Navarro, que guarda "recuerdos muy buenos" de su infancia, en la que jugaba con sus tres hermanos.

La monegrina, que tenía una relación "muy buena y muy normal" con sus progenitores, esperaba con muchas ganas las fiestas de Lanaja, donde, además de comer, "bailaba muchísimo", una afición que ha conservado hasta hace pocos años.

"Tenía muchas amigas y nos gustaba arreglarnos y salir al cine y al baile. Durante mi juventud me lo pasé muy bien", confirmó.

Sus ojos grandes y azules se humedecieron al recordar la Guerra Civil española. "Desgraciadamente perdí a mi hermano Benito" en el conflicto, dijo Navarro.

Salvo este episodio negro, habló con una sonrisa en la boca del resto de vivencias que ha acumulado en los últimos cien años. Muchos de esos recuerdos están ligados al Bar Restaurante Navarro, que ella misma fundó junto a su marido y que hoy en día todavía mantienen sus familiares.

"Toda mi vida trabajé allí, hasta que me hice vieja", bromeó la regente del establecimiento, situado en la Avenida Zaragoza-Monzón, 37 (Lanaja).

Su marido fue uno de los pilares más importantes de su vida. "Era cartero y barbero, dos oficios muy majos. Vivíamos de categoría", contó.

Junto a él también tenía un almacén en el que "igual cortábamos el pelo que vendíamos sacos de cemento, yeso o abono", rememoró.

Irene Navarro, que enviudó hace ya 45 años, confesó que "ni hay ningún secreto" ni tiene la fórmula mágica que le ha llevado a alcanzar su centenario, aunque matizó que "nunca" ha bebido ni fumado, y desde siempre le ha gustado mucho "andar".

Además, una de las claves para haberse convertido en una mujer tan longeva podría ser el gran trato que recibe en la Residencia Ciudad de Huesca, donde llegó hace 28 años. "Aquí me dan cariño por todas partes, así que estoy contentísima. Todo el mundo es mi amigo y no puedo pedir más", concluyó con una sonrisa la monegrina, muy querida por sus familiares, y también entre los trabajadores y compañeros del centro oscense.

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