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Aurelio Cortés Fuentes: "Un arrocito en Castellón está a 45 minutos de Lérida en avión"

Fue socio fundador de la Asociación para Deportes Aéreos del Alto Aragón, compraron un ultraligero que no les salió muy caro y enseguida empezaron las clases con Antonio Bardají

Aurelio Cortés Fuentes: "Un arrocito en Castellón está a 45 minutos de Lérida en avión"
Aurelio Cortés Fuentes: "Un arrocito en Castellón está a 45 minutos de Lérida en avión"
F.J.P.

A los 18 años, día arriba, día abajo, al montisonense Aurelio Cortés se le puso en la cabeza que tenía que volar, pero no en un avión comercial, sino a los mandos de un aparato. Entonces trabajaba de técnico de mantenimiento en el montaje y no paraba en casa, razón por la que no dio el paso de matricularse en el cursillo básico de manejo de ultraligeros, es decir, avioncitos de menos de 450 kilos de peso y motor de entre 500 y 900 de cilindrada.

A los 25 años entró a trabajar en la empresa Brilen (Barbastro) y por la misma época se acondicionó el aeródromo de Fornillos, a poca distancia de la capital del Somontano, y se constituyó la Asociación para Deportes Aéreos del Alto Aragón (Ada), en la que entró de cabeza y con carné de socio fundador.

Lo recuerda: "Entre los de Barbastro, Monzón y Almunia de San Juan éramos ocho. Los que movieron el asunto fueron Daniel Rivera, de Barbastro, y Alberto Lacasa, de Monzón. Lo primero que hicimos fue comprar un ultraligero Quicksilver que no nos salió muy caro, y enseguida empezamos a dar clases con Antonio Bardají, que disponía del título de piloto privado instructor. Alberto volaba con el suyo, que se lo había construido él mismo".

Los aficionados se van soltando y hacen sus primeros vuelos, siempre con el instructor detrás. El ultraligero presenta dos plazas, tiene el techo en los 300 metros de altitud (1.000 pies) y puede alcanzar los 80/90 kilómetros por hora. Una excursión a Monflorite, por ejemplo, costaba una hora y cuarto.

"En mi caso -dice Cortés- volar era un sueño, un hobby y nada más. Lo digo porque ha habido gente que ha completado la instrucción superior y ahora pilota vuelos comerciales. ¿Un hobby caro? Eso es relativo. El que esquía, el que va en moto y el que caza se hacen sus cuentas y yo las mías. Te gusta y te metes".

AÍNSA Y LÉRIDA

Después del aprendizaje con Bardají tocaba subir el escalón del examen del título de piloto privado instructor. El montisonense se matriculó en la escuela de pilotos de ultraligeros que regentaba Ignacio Gabás en Aínsa, y allí estuvo un año ("los fines de semana", aclara). Cuando el alumno estuvo preparado, el profesor llamó al supervisor del aeropuerto de Sabadell, que era el encargado de examinar en la zona de Aragón y Cataluña.

"En mayo de 1995 conseguí el título -cuenta el aviador-. Entretanto, la asociación ya había comprado otro aparato, un Rams S-6 con carenado, y los vuelos ganaron en distancia. Íbamos a Igualada en cinco horas. Otro vuelo clásico era a Tardienta. La asociación llegó a tener más de cien socios. Luego, allá por el 2000 o 2002 se disolvió. Cada cual se buscó la vida y yo me quedé en el campo de vuelo de Binéfar para salidas con ultraligero".

En 2004 Cortés da el siguiente paso: se matricula en la escuela Ilerdae, que operaba en el desaparecido aeródromo de Alfés (Lérida), y en tres años se saca el titulo de piloto privado, lo que le da derecho a pilotar monomotores de hasta 12 plazas. Las condiciones cambian notablemente: el aparato sube hasta los 4.000 metros y alcanza los 180 kilómetros por hora.

El montisonense apunta: "En resumen, se trataba de volar más rápido y más lejos. El avión que utilizamos habitualmente es de cuatro plazas. Yo puedo hacer vuelos de divulgación, pero no como si fuera un aerotaxi. Entre los primeros son muy habituales los que se disfrutan como regalo de cumpleaños, o los de alguien que quiere ver su pueblo desde las alturas. Se paga en el aeropuerto el precio estipulado y yo ejerzo de comandante".

TE DAS EL CAPRICHO

Una salida en avión cuesta hoy a razón de 180 euros la hora de vuelo real. Esto quiere decir que si la excursión incluye el aterrizaje en un segundo aeropuerto, el tiempo que el aparato está en tierra no contabiliza (eso sí: se establece una hora límite para el regreso).

Cortés cuenta así las escapadas aéreas: "Un arrocito en Castellón, como cantaba Manolo García, está a 45 minutos de Lérida en avión. Un chuletón en Pamplona, a 40 minutos, y un café en Seo de Urgel, a 27 minutos. Haces números, divides para cuatro y el capricho es menos caro de lo que pueda parecer. Por cierto: el cantante de El Último de la Fila puso el arrocito en la letra de "Como un burro amarrado a la puerta de un baile" porque alguien le invitó a un viaje como los que nosotros hacemos".

Otra propuesta: coger el avión a las nueve, plantarse en el aeropuerto de San Sebastián a las once y media, estar en la playa de la Concha a mediodía, tomar el sol y comer, subir al avión a las cinco... y a las siete y media en casa. Como vuelo largo, el que más recuerda Cortes es el que hizo en 2013 a Muret (Francia) con motivo del festejo anual del hermanamiento y el 60 aniversario del aeroclub Clément Ader de la localidad bañada por el Garona.

Hace unos meses cerró la escuela de vuelo de Lérida que alquilaba los aviones y el aeroclub local va de capa caída (solo dispone de un aparato y viejo), circunstancias que obligan a Aurelio a desplazarse a Sabadell o Zaragoza cuando quiere volar. No le importa. Remontar el Ebro y hacer una parada enológica en Logroño tiene el mismo atractivo que bajar a Castellón a dar cuenta de un arrocito.

Aviación y gastronomía. Vaya maridaje.

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