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Ramón Faro Cajal: “Habría sido de las legiones romanas porsu espíritu de aventura y ver el mundo”

“Presumo de ser jacetano del año y embajador de los Pirineos”, asegura

Ramón Faro Cajal: “Habría sido de las legiones romanas porsu espíritu de aventura y ver el mundo”
Ramón Faro Cajal: “Habría sido de las legiones romanas porsu espíritu de aventura y ver el mundo”
R.G.

Militar, pintor y escritor. ¿Es un hombre todoterreno?

-Lo que siempre quise ser y he sido el tiempo que estuve en activo es militar. Y eso que cuando estaba en Jaca era muy cara la academia militar. Al ser un manitas, pensé ir a la escuela de ebanistas, electricistas y fontaneros de Sabiñánigo, pero en 1964, con 16 años, muere mi padre y voy al colegio de huérfanos del Ejército. A mi madre le cuesta una broma y entonces, hago lo que de verdad siento y quiero: ser militar.

¿Por qué deja el Ejército?

-Cuando mi vida militar lo único que me ofrece como intendente es un despacho, digo que por ahí no paso. Me voy a la reserva transitoria y me dedico a la pintura, lo que me apetecía.

Aquello dio paso a una gran afición.

-Tanto que llevo 52 exposiciones desde París hasta Cádiz, pasando por Madrid y Ávila. Nunca por afán de hacer dinero, sino por mostrar mi obra. Prefiero que la gente venga y charlemos del cuadro a que lo compren, aunque es importante para seguir haciendo lo que me gusta.

¿Qué supuso ganar el premio Jacetano del Año 2001?

-Hay dos títulos de los que presumo. Uno es el de Jacetano del Año, teniendo en cuenta que fue una votación general y que entre los candidatos estaba Felipe Pétriz, entonces rector de la UZ y amigo, con el que veraneaba en Aragüés del Puerto. Al ir a verle, dije que era su profesor de matemáticas. Le enseñé la regla del tres. El resto lo aprendió solo.

¿Y el otro título?

-Hice una exposición en Arcos de la Frontera (Cádiz) con pinturas de Oroel, Collarada... y me presentaron como embajador de los Pirineos y el título me encantó.

¿Qué recuerda de sus comienzos en el Ejército?

-Mucho. Con la Brigada de Alta Montaña recorrí un Pirineo que conocía de joven. Aquello juntó lo que amo con el trabajo. Fue una maravilla que me destinasen al Pirineo.

¿Le marcó su paso por el Sáhara con las Tropas Nómadas?

-Tanto es así que hace unos años llevé a mi mujer, Belén, a ver el Sáhara, porque lo que le contaba podía parecer exagerado. Estuve con el Frente Polisario y les enseñamos a combatir. Hay un dicho que dice que todo el que entra en el desierto se lleva su impronta. Te hace volver.

Aún tuvo una tercera experiencia militar...

-Con una compañía operativa en la que desarrollé 15 años de mi vida, incluyendo cuando fui capitán, que en la vida militar se dice que es lo más divertido. De comandante fui a San Sebastián en la época dura, cuando matan al general Garrido, compañero de mi padre y amigo. Aquello fue muy doloroso.

En el Ejército, ¿hay mucho talento oculto o su caso es excepcional?

-Hay infinidad de pintores y escritores. Yo soy un curioso impenitente. La pintura viene de que de joven me hacía mis tebeos y llega un momento en el que te animan a exponer.

¿Cómo empieza su labor como escritor?

-Tenía cuentos, te pica la curiosidad y empiezas a hacer algo corto, como "Historias de mi pueblo" o "Memorias jacetanas". Luego, ya me puse con la novela.

Para escribir una novela histórica, ¿hay que mentir lo justo y necesario?

-Exacto. En un curso universitario tuve de profesor a Santiago Posteguillo (Premio Planeta 2018), un hombre muy asequible y le pregunté por ello. Se pueden inventar personajes y lo que dicen, pero de acuerdo con la edad histórica y la situación.

¿Qué puede avanzar de su futura obra sobre Borau?

-Estoy entusiasmado con la novela, primero porque estoy muy bien asesorado por historiadores. Voy a centrarla en San Adrián de Sasabe entre los años 950 y 1000, cuando Aragón no es el que hoy conocemos. Estoy muy contento y solo me quedan 3 capítulos.

Su trilogía (Summa Rudis, Iacetana e In Hispania) deja patente su pasión por Roma. ¿Le habría gustado ser gladiador?

-Habría sido algo de las legiones romanas por el espíritu de aventura. Ya lo dicen en Astérix: "Apúntate al Ejército y verás mundo". Lo mismo podías estar en Britania, Hispania o la Dacia. El problema es que conquistaban por terror y me vería obligado a hacer cosas que no comparto.

¿Aún participa en recreaciones de Zaragoza?

-Lo dejé tras 103 combates arbitrando como Summa Rudis.

De sus premios, ¿cuál valora más?

-En Barbastro, una mujer de 90 años vio cada uno de mis cuadros y al acabar me dijo "he pasado uno de los mejores ratos de mi vida". Es el premio que me llegó más adentro.

Ofrece cursos de pintura en Martillué desde hace más de 20 años. ¿Qué le aporta su colaboración con Atades Huesca?

-Entré con idea de estar uno o dos cursos y vamos a empezar el nº 23 y los que queden, mientras tenga fuerzas. Mis chicos de Martillué son compañeros. Si hay un alumno, soy yo, porque cada vez que voy aprendo algo por su corazón abierto y su forma de expresarse.

¿Qué significa la pedanía jaquesa de Ara?

-Es el lugar donde viví 17 años maravillosos y tengo dos hijos de Ara. Siempre que puedo, vuelvo. Con mi mujer tenemos idea de vivir allí cuando nuestros hijos estén colocados.

Se ve que fue un lugar muy especial.

-Cuando llegué, al primero que conocí fue a Rafael, un pastor de Casa Martina. Junto con Cesáreo, Jerónimo y Vicente eran la enciclopedia viviente de los Pirineos. Historia viva de nuestros pueblos.

¿Cómo se siente en La Puebla de Alfindén?

-Es la tierra de mi familia política, donde estoy ahora y vivo muy a gusto. Pertenezco un poco a tierra plana, pero soy más montañés.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

-Como una buena persona. De algún modo, entro en la vida de quienes tienen un cuadro o un libro mío, pero son circunstancias. Simplemente, espero que digan que fui un buen tío.

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