Sociedad

PUEBLOS LLENOS DE VIDA

Ballobar, a la sombra de las ripas y con una gran actividad

Gran dinamismo cultural en el entorno del río Cinca

Ballobar, a la sombra de las ripas y con una gran actividad
Ballobar, a la sombra de las ripas y con una gran actividad
J.C.

HUESCA.- Balloar está en la parte norte del Bajo Cinca, allí dónde el Alcanadre desemboca en el río y dónde se descuelga, entre ripas, el barranco de la Valsalada. Queda encajonado entre la sierra sobre la que se alza la Ermita de San Juan Bautista, la Valsalada y la carretera A-131 que lo comunica con Fraga, y en la otra dirección con Sariñena y Huesca. Economía agrícola y ganadera, aunque con una potente fábrica de Gallina Blanca que emplea a más de 150 personas.

Ballobar cuenta con algo más de 800 habitantes. Ballobar es de esos municipios que ha convivido con el secano, con una pequeña zona de huerta junto al río. El carácter emprendedor de sus gentes espera el agua que llegue con los regadíos de la acequia de Ontiñena y una parte con el Sifón de Cardiel. Lleva más de diez años esperando.

El paisaje lo marca el valle del río y, sobre todo, las Ripas, esas paredes de tierra y roca que se alzan verticales sobre el Cinca. La visita a la parte superior de las Ripas es obligada, por la vista, el paisaje, aunque en este caso absténganse los que padezcan vértigo.

Otra excursión cómoda es coger el sendero o la pista de tierra y en buen estado que lleva hasta el alto dónde se ubica la Ermita de San Juan, a cuyo pie se encuentra el casco urbano. El edificio tiene una base rectangular con una torre en uno de sus vértices y se asienta sobre los restos de lo que debió ser una fortaleza de origen romano y luego árabe. La ermita se reconstruyó posteriormente y en la última actuación se acondicionaron los accesos y el entorno, para que todas las personas puedan disfrutar de unas vistas espectaculares sobre Ballobar, el valle de Cinca, poblaciones como Zaidín y Osso de Cinca y, en días despejados, la cordillera de los Pirineos, con las cimas del Cotiella, el Turbón, el Monte Perdido y hasta los macizos del Aneto y del Vignemale.

Ballobar merece un paseo pausado por sus calles que parecen hechas para acoger la Fiesta Medieval de septiembre. Un paseo en el que hay que detenerse en el puente románico, joya de la arquitectura, cuya última remodelación data del siglo XIV, y que se sigue utilizando como acceso desde la carretera hasta la Plaza Mayor. Otra visita obligada es a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que, con la plaza, conforma un bonito conjunto entre las calles en varios niveles y dibujando un anfiteatro natural.

Sus fiestas mayores son de las que más visitantes reciben, sobre todo jóvenes. Además, la oferta es doble. Están las fiestas de la Asunción y San Roque y apenas quince días después las de San Juan el Degollado. Las Águedas, las Apolonias y Pascua son otras de las fiestas señaladas. Algunos de sus platos típicos son las bolas de Ballobar (morcillas redondeadas para freír a lonchas), el cacambós (torta con trozos de longaniza y un huevo duro encima que se toma en Pascua) y el pan bendito (un bizcocho recubierto de merengue para la Asunción).

Ballobar ha sido cuna de actividades culturales como los grupos de lectura del programa "Leer Juntos", que acaba de cumplir 25 años y ya hay más de cien en todo Aragón. Recibió la mención honorífica del Gobierno de Aragón en el Día de la Educación Aragonesa. Además, tiene una buena lista de comercios locales, bares y restaurantes y una vivienda de turismo rural. Un hecho que propició que naciera "Ballobar al natural", un blog trip para promocionar el turismo natural.

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