Sociedad

LA ENTREVISTA

Ángeles Ramón: "Aprendí con 77 años sin haber visto un bolillo, pero le fui cogiendo gusto"

Esta vecina de Sabiñánigo es a sus 92 años una entusiasta de esta labor

Ángeles Ramón: "Aprendí con 77 años sin haber visto un bolillo, pero le fui cogiendo gusto"
Ángeles Ramón: "Aprendí con 77 años sin haber visto un bolillo, pero le fui cogiendo gusto"
M.P.

SABIÑÁNIGO.- Ángeles Ramón tiene 92 años. Hace unos días, en el XX Encuentro de Bolillos Ciudad de Sabiñánigo, le entregaron un premio por ser la bolillera de más edad que participaba en este encuentro.

Ángeles domina como nadie esta labor, y eso que, como explica, empezó tarde con este arte. "Aprendí con 77 años sin haber visto antes un mundillo, ni bolillos. Hice un curso en Sabiñánigo con una profesora que venía de Jaca y el primer día no supe ni devanar los bolillos, pero poco a poco le fui cogiendo el gusto". Y tanto fue así, que de encaje de bolillos le hizo un abrigo a su hija que lo llevó de madrina en la boda de su hijo. "Más de un año tardé en hacerlo, le colocamos mas de mil cristales de Swarovski, una maravilla. A quien lo enseñaba me decía si estaba loca y si sabía lo que había hecho. Sigo con esta labor, me gusta mucho".

También cose, ha hecho camisas, pantalones, jerseys, vestidos..., y dice que no ha aprendido "en ningún sitio".

Ángeles Ramón nació en Castiello de Guarga, municipio de Sabiñánigo, no pudo ir casi nada a la escuela, "como para aprender a hacer bolillos".

La escuela estaba en Guésera. Recuerda que se le daban bien los números y que al poco tiempo de empezar con la primera cartilla "me puso el maestro un problema y lo resolví rápido, tenía diez u once años. Ese día había llovido y llevaba mojadas las alpargatas, me había calentado en la estufa y hasta me había quemado. El maestro fue a mi casa y le dijo a mi madre que, aunque fueran unas alpargatas de ella viejas, me las pudiera llevar a la escuela para cuando llegaba con las mías mojadas y así no tendría que estar todo el día con los pies mojados. Y la respuesta de mi madre fue que ya no iría más a la escuela, y no fui más. Me quede a trabajar en casa, a cuidar el ganado, limpiar cuadras, acarrear agua...".

Ángeles Ramón era la penúltima de nueve hermanos y hermanas. "He trabajado como una burra, pero ahora digo que si de joven tuve la vida mal, luego la vida me ha tratado bien para estar como estoy a mi edad. Me casé, tengo un hijo y una hija, nietos y bisnietos. Mi marido falleció hace 24 años, y si llego a marzo del año que viene cumpliré 93 años".

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