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ECOS - GASTRONOMÍA

Lapaca, cuando el chocolate es tesoro y paraíso

Lapaca, cuando el chocolate es tesoro y paraíso
Lapaca, cuando el chocolate es tesoro y paraíso
R.G.

Lapaca es transgresión, diferenciación, culto al chocolate y paraíso de la relación social. La creación de Raúl Bernal en la calle Alcalde Emilio Miravé es un escenario tan deseado que, antes de abrir a las 8:30 cada mañana, esperan colas de clientes ávidos de vivencias diferentes. No es una pastelería, no existen los mostradores y todo ha sido concebido para que hasta esta ubicación -tan lejos en la Huesca de las distancias cortas- sea un aliciente más. A Lapaca hay que venir, no se pasa por ella, no es una "commodity" sino una identidad reconocida y apetecible.

Por desmitificar interpretaciones enigmáticas, el nombre viene de "Paquito el chocolatero", el pasodoble más bailado. Y es que Raúl Bernal, con su marca personal de maestro chocolatero de Chocovic durante años y de campeón nacional, ha sublimado la fluidez para que Lapaca inspire la atracción por el chocolate, un tesoro que merece los rituales más imaginativos.

El joven creador ideó cada detalle durante dos años. Le acompaña una reputación bien ganada entre los mejores de España -y más allá-, y no quiso dejarse llevar por el convencionalismo ni la búsqueda de rentabilidades rápidas.

Lapaca es una coqueta plaza en la que los lados están dotados de mesas sin obstáculos y, en el centro, a modo de altar, se reúnen en torno al desayuno (café excepcional y ocho clases de té) los celebrantes de la ceremonia de la charla, con los cruasanes (el de mascarpone perpetúa la salivación de quienes lo han probado, como el de almendra y limón), caracolas, palmeras o napolitanas. Nada es como pensamos. Los fines de semana, se incorporan los salados (bocadillos y tostadas de jamón, salmón, aguacate y feta, lacón, pollo o cubano).

Los armarios ponen la tentación al alcance de la mano. El cliente compone su menú de los placeres. Tiene trufas de tonka y amaretto, whisky, frambuesa y rosas, café y baileys, especias, fruta de la pasión, coco-lima-menta o miel y romeo. Toma su envoltorio de 8 o 16 y a recibir, con el pago, la sonrisa del servicio. A su lado, las "paquitas", los tarros de chocolate con avellana, te verde, café y chocolate, avellana, nueces de Macadamia... Ocho propuestas más. También ocho clases de chocolates en tabletas. Y a la vuelta de la esquina las rocas (ocho más) y los bizcochos, las "cookies", las galletas de cacao con chocolate y piñones, los torreznos con chocolate,...

Entenderá, querido lector, que el rey es el chocolate. "Es nuestro tesoro", y esconde sus rituales. Puede regalar a un ser querido la composición que elija. Él irá a Lapaca, pedirá su llave, abrirá el armario y se topará con la dulce sorpresa. El juego, el humor y el amor en el centro. Los pasteles, puro arte, son por encargo. Todo se elabora al instante.

Y, a punto de salir, una declaración en el dintel: "Te echaremos de menos". Y al cruzar, la añoranza ya es mutua.

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