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DOMINGO - OJO AVIZOR

David Sampietro, un barbastrense en las entrañas de la OTAN

Ha recibido la Medalla al Mérito en el Servicio, el reconocimiento más alto por iniciativa del secretario general

David Sampietro, un barbastrense en las entrañas de la OTAN
David Sampietro, un barbastrense en las entrañas de la OTAN
S.E.

El ingeniero David Sampietro Vera, natural de Barbastro, es el único altoaragonés que trabaja desde hace siete años en la sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en Bruselas, donde están los representantes de 29 Estados miembros de la Alianza Atlántica. Tal vez sea el único español distinguido en 70 años con la Medalla al Mérito en el Servicio que es el reconocimiento más alto que se concede a civiles o militares por iniciativa del Secretario General de la OTAN que, actualmente, es Jens Stoltenberg.

Tras la ceremonia oficial de entrega, celebrada el pasado 19 de Febrero en la sede oficial, el barbastrense y su familia regresaron a Barbastro para disfrutar del ambiente en familia, compartido con la de Inés Ruiz, en Madrid. En la entrevista concedida a DIARIO DEL ALTOARAGÓN, muy distendida, David se refirió a su trabajo en los Servicios de Tecnología de la Información, Comunicaciones y Ciberseguridad en la OTAN, y también a la vida en Bruselas, ámbito profesional que compagina con su esposa y tres hijos pequeños a 1.262 kilómetros de casa si partimos desde Barbastro. Hace siete años que trabaja, como personal civil para la Agencia Nato Communications and Informacion Agency.

Rememora la trayectoria personal iniciada en los colegios Escolapios -como su padre Paco y su hermano Luis- y continuada en el Colegio Seminario, más tarde en Zaragoza y Göteborg. "Me gustaba mucho la Universidad y también la ciudad, interesante, para terminar la carrera. Me sirvió para entrar en una Consultora americana donde trabajé para el sector de la distribución".

En su trabajo, afrontaba tareas relevantes. "Hacíamos modelos matemáticos para calcular previsiones de venta diaria en modelos, productos y tiendas en cadenas importantes como El Corte Inglés, empresas americanas, petroleras noruegas y otras similares. El modelo de trabajo fue relevante y surgió la posibilidad de trabajar en la OTAN con una vacante para labores similares en logística, me refiero al año 2012, tras un complejo proceso de selección. Ya conocía esa labor en Europa y presenté mi currículum abierto para ciudadanos de países que forman parte de la Alianza. Me llamaron tras revisarlo y pasé por varias entrevistas de trabajo en La Haya hasta que me comunicaron la selección entre candidatos. Así llegué a la OTAN".

La selección fue en septiembre de 2012. "No entré a trabajar hasta que llegó el informe del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) donde vino a decir, más o menos, que soy buena gente. Además se informaron de mis padres, mi hermano y la familia, esa documentación tardó diez meses. O sea, que no me incorporé hasta agosto de 2013. A partir de entonces ya pude manejar información secreta restringida y me incorporé a Servicios de Tecnología de la Información, Comunicaciones y Ciberseguridad, en concreto para rediseñar un proyecto de logística militar con empresas y proveedores externos que participan en licitación pública. El proyecto se adjudicó a una empresa británica y se paralizó por cuestiones de índole política. En la OTAN vieron que mi perfil profesional era más adecuado en otras áreas y me movió hacia un proyecto de reorganización interna con una agencia grande en la que ahora somos cerca de 3.000 empleados".

En la misma línea, "vieron que algunas cosas se hacían por duplicado y que había ciertos solapamientos por lo que en la nueva Agencia nos ocupamos de tecnología, programas informáticos de logística, control aéreo, escudo antimisiles, ciberseguridad y otras diversas. La creación de la Agencia llevó consigo intentos de politización y tardó más tiempo en ponerse a funcionar. El proyecto pasó por tres gestores, el último de ellos dimitió y en su carta indicó que la persona más capacitada para llevar a cabo el proyecto era David Sampietro, por lo que me puso en el ojo del huracán".

De su capacidad de gestión no tuvo dudas. "Estaba convencido de que podría llevarlo a cabo y en el año 2016 comencé una nueva etapa y planteé un plan de trabajo para tres años con diversos cambios. Durante seis meses, me dediqué a relaciones bilaterales con representantes de otros países, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Países Bajos, Alemania, Francia y España para convencerles de la viabilidad hasta que llegó al Comité de Inversiones, una de las grandes reuniones en torno a mesa ovalada con un presidente que coordina y agendas encima de la mesa. Se trataba de darle el sí o no al enfoque nuevo".

David recuerda que "se aprobó tras un amplio debate internacional en julio de 2016 con tiempo para trabajar en el proyecto que comencé en el año 2017. Se cambiaron muchas cosas, desde el modelo contable financiero hasta cómo se hacen las compras y se compite en proyectos, entre ellos estaciones de radar en Polonia, por ejemplo. Además de prestar servicios de mantenimiento. Se modificaron conceptos de compra y gestión de activos, se contratan Recursos Humanos, empleados eventuales, estrategias de operativa interna entre otras cosas".

El proyecto funciona muy bien. "Se han cambiado hábitos y modelo de trabajo y se han conseguido los buenos resultados que antes no fueron posibles. Se hace en consenso, con expertos en cada área. En mi caso era gestor del proyecto y mi trabajo ha consistido en aunar voluntades para que saliera adelante. Todos se mueven en este trabajo técnico entre militares y civiles, no estoy en operaciones militares en Irak o en Afganistán, por ejemplo".

SERVICIOS DE TECNOLOGÍA Y DE SEGURIDAD

En la Agencia, "trabajamos 3.000 personas para proporcionar los servicios de tecnología y seguridad desde ordenadores hasta comunicaciones por satélites y controles aéreos, se gestiona un presupuesto anual de mil millones de euros. No se permiten fallos porque es dinero público y en todo caso, hay que justificarlos".

Respecto al ambiente, "es muy difícil, no te imaginas la liturgia de las reuniones importantes, imponente en todo, simbología, muchas estrellas de mandos, traductores, modos y formas de intervenciones. Todo está muy medido y para gente que llega a un centro privado es duro. Tienes claro que debes dar pasos hacia adelante pero se mueve por consenso. Tienes que convencer a todos, sea cual sea el país, poco a poco y cuando crees que ya tienes el visto bueno, estás pendiente de la decisión final. El mecanismo en privado es más rápido".

Hasta ahora no ha visto a ningún aragonés que trabaje en la OTAN, "tal vez haya alguno pero no me he encontrado con nadie. Es verdad que en mi agencia estamos una parte civil, en torno al 65 % y otra militar, el 35 % más o menos. En la parte militar hay rotaciones cada tres años y es posible que haya algún español". La diferencia entre militares y civiles es notable, "es muy distinta, nunca había tratado con personal militar porque no hice el servicio en España -ya no existía- y siempre recordaré que mi primera reunión de trabajo fue con un General del Ejército italiano y que un militar se levantó, se cuadró y se fue de la sala. Para mí era algo nuevo, entonces. El trato entre militares y civiles es bastante correcto".

A veces "no se pueden hacer cosas que serían de sentido común, por ejemplo en una conferencia con proveedores tienes que pactar zonas y condiciones. Es muy difícil por temas de seguridad, los controles son exigentes incluso en ordenadores y teléfonos. Por ejemplo, mi mujer no puede venir a verme a la sede, tiene que esperar en el exterior aunque el guardia de seguridad la conozca. Las medidas de control son extremas en el interior".

Los viajes internacionales son constantes en su trabajo profesional, "en mi semana habitual, dos días en Bruselas y el resto en La Haya, separados 180 kilómetros de distancia, además de viajes excepcionales a Turquía, Estados Unidos, Italia donde la OTAN tiene un cuartel muy grande, por ejemplo. Hay compañeros que viajan a países más complicados pero yo estoy muy tranquilo y seguro".

CONTRASTES DE VIDA

En cuanto a la vida familiar, "en La Haya se vive bien porque es una ciudad residencial, muy habitable. Se dice que la gente gana dineros en Rotterdam que es ciudad industrial, los gasta en Ámsterdam donde está el turismo y se desarrolla el movimiento y vive en La Haya, muy tranquila. Mis hijas pueden ir al colegio en bicicleta, eso no es habitual". La sombra del domicilio familiar es muy alargada hasta Barbastro y Madrid, "vamos dos veces al año por Navidad y en verano. Estamos al corriente diario de todo por Internet, móvil y grupos de WhatsApp".

El reconocimiento recibido por David Sampietro está entre los más destacados, "abre muchas puertas, entre ellas la del embajador de España, porque es muy visible pero lleva consigo un protocolo estricto, la medalla solo puede llevarse con frac y si eres muy arriesgado con smoking. En realidad, me limito a enseñarlas y tenerlas en la vitrina. Es muy raro ver una medalla de estas características y tampoco sé si la han recibido otros españoles".

La concesión vino por sorpresa. "La propuesta se justifica y pasa por varios comités hasta que llega el visto bueno. Me lo notificó el director general pero yo no supe nada hasta ese momento. Imagínate la cara de sorpresa cuando llega este reconocimiento tan importante, meses después de celebrarse los actos conmemorativos del 70 Aniversario de la OTAN".

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