Sociedad

DOMINGO - OJO AVIZOR

Centros de educación especial para apoyar y personalizar capacidades

Los colegios de La Alegría de Monzón y Aspace Huesca albergan a 110 alumnos con discapacidad intelectual de 3 a 21 años, a los que se dotan de recursos y oportunidades

Centros de educación especial para apoyar y personalizar capacidades
Centros de educación especial para apoyar y personalizar capacidades
A.HU.

La polémica sobre la afección del proyecto de ley a los centros de educación especial, de los que la ministra ha asegurado su continuidad en medio de la vigilancia de cientos de miles de españoles atentos a la Disposición Adicional 4ª, encuentra la luz en el eficiente modelo actual, que se pone de manifiesto en los dos colegios de este tipo en la provincia, La Alegría de Monzón y Aspace en Huesca. Dos paradigmas de la finalidad fundamental de potenciar las capacidades de los alumnos.

El Colegio Público de Educación Especial La Alegría de Monzón tiene 80 profesionales, de los cuales tan sólo 35 son docentes. Su directora, Rosa Lanau, explica los perfiles: equipo directivo, limpieza, cocina, mantenimiento, enfermeras, fisioterapeutas, cuidadoras, logopedas, profesoras técnicas de servicios a la comunidad, educadoras, auxiliar administrativo, jefes de unidad... Ocupan sus aulas 70 alumnos, que tienen transporte, comedor y jornada de 10 a 17 horas. Abarcan de los 3 a los 21 años, con el Infantil, la Primaria, Secundaria y Formación Profesional. Los que no pueden acceder a Programa de Cualificación Inicial (PCI), que sería la FP, pasan a la Transición a la Vida Adulta, de los 16 a los 21 años. La responsable del centro, que acaudala grandes conocimientos y experiencias en su prolija trayectoria, explica que abarcan a jóvenes con discapacidad intelectual, "pero también tenemos conductuales. Parálisis cerebral, autismo, todos los síndromes, enfermedad mental. Pueden llevar asociadas otras físicas, ciegos, sordos...".

"La educación es integral, nos basamos en unos pilares: la comunicación, si no puede hablar se usan pictogramas o lenguaje de signos; la autonomía personal y la autonomía social. Y dentro de esos tres ejes trabajamos con áreas de matemáticas, sociales y lenguaje. En nuestro centro, hay niños que tienen respirador y van con silla de ruedas y otros que trabajan en una peluquería". El PCI es de jardinería dentro de la rama agraria, pero algunos usuarios también van a talleres ocupaciones con Valentia. La relación con todo el Tercer Sector es magnífica.

Explica Rosa Lanau el momento de la salida, con 21 años, del centro. "Cuando acaban, la orientadora y el equipo que son orientadores y equipo directivo valoran la alternativa para los chavales. Si acaban un PCI y no tienen trabajo, pueden hacer otro módulo. En Huesca, restauración, en Barbastro digitalización en estos momentos. Siempre estamos abiertos".

Directora del único centro público de la provincia en esta modalidad, es partidaria tanto de la inclusión en centros ordinarios como de la perpetuación de los colegios de educación especial. "La inclusión ha de ser con medios, con recursos materiales y personales, también medioambientales, emocionales, pero con algunos de estos alumnos es difícil, porque no tienen medios los centros. Los Centros de Educación Especial para mí son esenciales a nivel educativo, social, emocional. Tienen un papel muy importante".

De hecho, Rosa Lanau recuerda que un anterior intento "fracasó, porque estaban todos juntos y se separaron. Donde han desaparecido estos centros, ha habido que volver. Hay que considerarlos alumnos, no un porcentaje ni un número. Los que se puedan incluir con recursos, se pueden integrar, y también hay una combinada como tenemos con algunos que están aquí tres días y dos en un colegio ordinario".

El Colegio La Alegría no ha detenido su ritmo en la cuarentena. "El personal docente está haciendo recetas de cocina, cuentacuentos, música. Nos hemos puesto en comunicación con servicios sociales para que lleven ordenadores a las casas. A cada chaval hay que darle lo que necesita. Cada uno necesita una serie de cosas. Es importante que potenciemos sus capacidades para elevar el rendimiento. Si se le deja en un rincón, habremos fracasado. Necesita una persona que le estimule y por tanto favorezca un mayor desempeño".

ASPACE HUESCA

El Centro de Educación Especial de Aspace atiende a 40 alumnos de entre 3 y 21 años en sus aulas de Infantil, Educación Básica Obligatoria (correspondiente a Primaria) y Transición a la Vida Adulta (de los 18 a los 21). Siete concertadas con el Gobierno de Aragón, calificadas como Aulas de Educación Especial para Alumnos con Plurideficiencias cuya ratio es de 4-6 alumnos.

Cada una dispone de un maestro tutor y hay personal complementario, como los Auxiliares Técnicos Educativos (apoyan en la intendencia precisa, desde cambios de pañales hasta ayudar a dar de comer). La nómina imprescindible se complementa con fisioterapeuta, logopedas, trabajador social, psicopedagogo-orientador y personal sanitario que por el perfil de los alumnos es indispensable, como señala el director de Aspace Huesca, Francisco Ratia. "Tienen problemas de salud muy serios que hay que atender. Tenemos un médico en el centro y otra persona en residencia, y una enfermera. No es de servicio específico sino también para centro de día, residencia y centro de educación".

Los alumnos se distribuyen entre escolarización a tiempo completo y combinada, compartida parcialmente entre un centro ordinario y Aspace. "Nosotros les damos una atención específica y en el ordinario se pretende la convivencia con alumnos de su edad. Para los perfiles nuestros que tienen más posibilidad de socialización es importante, pero otros no tienen ese perfil sino que necesitan atención muy específica. La experiencia dice que la combinada es más fácil en los primeros cursos de Primaria, pero conforme se va avanzando en el currículo las distancias se hacen abismales y es más difícil mantener la escolarización y son las propias escuelas las que dicen que pasen más tiempo o a tiempo completo con nosotros".

Hay que tener en cuenta, como apunta Ratia, que los alumnos con parálisis cerebral que llegan al centro especial lo hacen "porque, además de una afectación motriz, física, tienen una intelectual, hay un problema de aprendizaje. Uno que solo tenga afectación física está en centro ordinario".

La clave es la adecuación a la singularidad de los alumnos. "Adaptamos las materias a las capacidades que tienen. El nivel de afectación de carácter intelectual es muy grave. Sus dificultades de aprendizaje son grandes y nos tenemos que ajustar a la situación: estimulación multisensorial, aprendizaje para las actividades de la vida diaria, de la comunicación básica, orientaciones de conducta y actividad más básica. Hay otros casos que pueden ir a otros aprendizajes, incluso la consecución de la lectoescritura, pero en muchos el nivel es muy básico".

La personalización del currículo no devalúa, sino al contrario, la trascendencia de cada uno de los eslabones de esta cadena personal y colectiva. "A cada uno, en su nivel, le permite alcanzar hitos que suponen un salto importante en su evolución personal. No estaríamos en el nivel de decir que aquí se imparten materias como Lengua Española o Inglés. Eso no es así, pero es importante por ejemplo la identificación de colores y temas básicos. Es una tarea complicada y ardua. No quiere decir que sea prescindible, hay que hacerla, pero no es comparable porque el tipo de aprendizaje es completamente distinto". Los objetivos son variables, porque "nos apoyamos en las capacidades que conserva cada uno para desarrollarlas al máximo".

Afirma el director de Aspace Huesca, Francisco Ratia, que actualmente, la escuela ordinaria no está preparada para atender el perfil de alumnos que educa Aspace Huesca, incluso por los problemas de salud. "Para que estuviera preparada, tendría que haber una sensibilidad social para que los distintos grupos de interés (profesores, padres, alumnos) entendieran hacia dónde queremos ir.

Ahora mismo una familia estándar podría pensar que se podría retrasar el aprendizaje y, hasta que no se desarraigue esa mentalidad, sería muy difícil. Luego está la formación del profesorado, porque el de educación especial está muy bien preparado, especializado. Y este personal complementario tendría que llegar a los colegios ordinarios, y los espacios habrían de ser adaptados".

Argumentos con los que asegura que la futura Ley de Educación no podrá "eliminar estos centros de un plumazo, porque sin tener todo eso lo que hacemos es cargarnos varias generaciones de alumnos que sufrirán hasta que llegue la utopía y se quedarán en el camino, que no será de rosas seguro". Otra cuestión es una normativa "bien hecha, planteada, con plazo razonable y donde tengan las mismas oportunidades, pero no hagamos experimentos con personas".

LA EDUCACIÓN SE MIMA Y SE CULTIVA

No, no tengo la certeza y sí, sí que tengo la experiencia por suerte de poder avanzar. Educación Especial es un concepto que desaparecerá, pero no ya, ni en 10 años más. Los colegios de educación especial tienen la capacidad de crear un ambiente de convivencia, no sé si como consecuencia de primar la vida, y no la competencia.

Visualiza ahora una silla de ruedas, sin nadie en ella. Imagina impulsarla hasta la entrada del aula de un colegio. Sí, ese lugar donde año tras año cada persona suma, resta, añade y quita, habla, conversa o comunica, juega, aprende o se divierte, en definitiva, la vida.

Imagina que te devuelven la silla. Que allí no queda bien, que en aquella clase con aquel espacio, esos colores y veintidós sillas que no tienen ruedas, no parece ser viable. Además, puede condicionar la estructura.

Y como nos encontramos en esta sociedad, de nuevo a luchar. Te invito de nuevo a empujar conmigo la silla hacia dentro. Esta vez vamos a regatear, menos mal que estamos hablando de muebles nada más. Le podemos decir al aula, es decir, al otro mundo hacia el que empujamos: "Mira, si acompañas a la silla, la frenas de vez en cuando, pones el resto de sillas en círculo, acercas aquellos materiales -pero no desde el concepto de distancia, sino desde el concepto de derecho-, colocas cerca esta otra silla que es muy bonita y otros aspectos que surgen de manera eventual consiguiendo aceptar cada día como especial". Así, nos acercaremos al desarrollo natural que las niñas y los niños nos enseñarán a crear, ya que a soñar nosotros no les podemos ganar.

No nos engañemos, foto innovadora e inclusiva quedaría, dichosos términos contra los que atentamos día tras día.

Si no estamos preparados ni personal ni profesionalmente, ¿para qué vender humo a contracorriente? Si no sabemos llevar a cabo la modalidad de escolarización combinada, que puede ser el puente de esa utopía -hoy por hoy injustificada-, ¿cómo vamos a conseguirlo? ¿No será lanzando la silla al abismo mientras otros se fotografían creyendo conseguirlo?

Visualiza ahora una "buena" escuela. Con la misma tutorización durante varios años, con una fluida comunicación entre alumnado, padres, madres, tutores/as y profesores/as, con una ratio adecuada, con recursos más o menos acertados y suficientes. Finalizando los trimestres tal y como los empezamos gracias a la flexibilidad en la forma de evaluar, ya que en esta escuela la evaluación no es estricta, ni determinante, tampoco frustrante. En definitiva, esta escuela permite centrarse en la persona y no en el sujeto que transita de nivel a nivel como la sociedad necesita.

La mayoría de los padres y madres que tienen hijos con diversidad funcional, así llaman ahora a la discapacidad, preguntan si sus hijos e hijas son felices. Muchas familias pensarán: "Pobrecitos, bastante tendrán, cómo para preguntar por las mates o un idioma más". Otras personas sabemos que desde diferentes perspectivas se puede ver igual. No digo nada más, bueno sí, que lo que bien funciona, déjalo funcionar. Si algo de intención hay en esta redacción es promover la autorreflexión, ni mucho menos generar más división entre aquellos que sentimos pasión por nuestra profesión.

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