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La hermandad que sepulta a los intocables

En la ciudad de Béthune, en la antigua cuenca minera del norte de Francia, la muerte forma parte del patrimonio cultural. También allí viste de negro, aunque su silueta se reconoce por el chaqué y el bicornio que portan los miembros de la hermandad Charitables de Saint-Éloi, encargada desde hace ocho siglos de dar sepultura a los muertos que nadie quiere tocar. Béthune no entiende de ricos ni pobres. Allí no hay pompas fastuosas ni imponentes cortejos para despedir a quienes la vida les fue más dichosa: tan solo una docena de hombres de negro, en su mayoría jubilados, cargan con el ataúd por la calle de la Igualdad, la que lleva al cementerio principal de la ciudad. "La casi totalidad de los entierros pasan por nosotros, diría que el 90 %. Es excepcional que una familia no cuente con nosotros", dice Robert Guénot, el preboste de la hermandad.

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