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José Ángel Satué: "Ni somos héroes ni trabajamos por el reconocimiento, es vocacional"

El médico internista oscense en el Hospital Universitario de Fuenlabrada detalla los duros momentos durante la pandemia en la que "lo mejor" ha sido alumbrar "el espíritu covid"

José Ángel Satué: "Ni somos héroes ni trabajamos por el reconocimiento, es vocacional"
José Ángel Satué: "Ni somos héroes ni trabajamos por el reconocimiento, es vocacional"
S.E.

HUESCA.- José Ángel Satué Bartolomé es médico especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid). Nació en Huesca y los primeros cuatro años los vivió en Javierrelatre, donde sus padres eran maestros rurales. Siempre que puede se escapa al Pirineo y sobre todo a Sobrepuerto, un territorio que tanto a él como a su familia les tiene enamorados. Cursó la carrera en Zaragoza y en 1990 se fue a Madrid, al Hospital 12 de Octubre, para hacer la especialidad. "Me vine a Madrid pensando en volver a Zaragoza pero ya fue imposible, las oportunidades laborales surgieron aquí. Al acabar en el 12 de Octubre, estuve unos años como médico de urgencias en Alcorcón, luego saqué plaza de Medicina Interna en el Hospital de Fuenlabrada cuando se abrió en el año 2004. Estuve los dos primeros años como coordinador de Urgencias, abrí la urgencias de ese hospital".

La pandemia de la covid-19 le ha hecho vivir una experiencia única, sin querer, sin haberlo previsto, como la mayoría, si no todos, los sanitarios de este país. "Fuenlabrada es una ciudad de 200.000 habitantes al sur de Madrid, con mucha industria, construcción y con un polígono de los más grandes de Europa. Supuestamente la población es joven pero, al ser la mayoría inmigrantes de Castilla-La Mancha, muchos se han traído a sus padres, con lo cual la población es variada".

Recuerda el primer caso "autóctono" de covid-19 en Madrid. "Fue el 25 de febrero en Torrejón, el primer caso que no fue importado, y esa semana estábamos luchando todavía con la gripe normal. Al ser internista, llevamos casi el 60 por ciento de los ingresos médicos y en esos días ya se empezaba a ver alguna neumonía pero no teníamos ni idea, ni había todavía medidas de detección de este virus, eso fue exponencial".

En el Hospital de Fuenlabrada el primer caso con coronavirus "ingresó la primera semana de marzo y, si el jueves había un caso, a la semana siguiente el lunes había diez y a la semana siguiente había cien. Llegó un momento en que, conforme se iba dando de alta a los pacientes de patología no covid, se iban abriendo plantas Covid". Explica que en su centro hospitalario cada control de enfermería tiene 35 pacientes, "normalmente medicina interna tiene tres o cuatro controles, y hubo un momento en el que se llegaron a abrir más de 400 camas, prácticamente todas covid. También se ampliaron las camas en la UVI, de 10 pasaron a 45. Se utilizó la sala de reanimación, el hospital de día quirúrgico, se pidieron respiradores a las universidades, fue tremendo".

El Hospital de Fuenlabrada, preparado con hasta 350 camas, ha ingresado a unos 1.600 pacientes covid, "o sea, le hemos dado la vuelta al hospital cuatro veces en dos meses, impresionante. Y se han contagiado un 25 por ciento de los compañeros médicos, había bajas todos los días, ha sido bastante horrible". Explica que han sido dos meses, desde mediados de marzo hasta mediados de mayo, "en los que hemos estado desbordados, trabajando seis días sobre siete a la semana, descansando un día en el que no conseguías desconectar, ha sido muy duro".

Hace cuatro meses no se sabía nada de la enfermedad, "y hasta que empezamos a probar tratamientos y a darnos cuenta qué pacientes se iban a poner malos para intentar parar la progresión, hemos tenido días muy difíciles. Un día te ibas a casa dejando a un paciente bien y al día siguiente estaba en la UVI o había fallecido. Sobre todo en mayores de 70-80 años, la mortalidad ha sido del 40 por ciento, brutal, y de gente que a lo mejor no había ingresado nunca en el hospital o no había tenido problemas serios de salud". Lo mejor de todo, dice José Ángel Satué, ha sido el espíritu de equipo, "le llamamos el espíritu covid. A lo mejor estaba un internista o un neumólogo dirigiendo una planta pero le ayudaba tanto gente de digestivo, cardiología como pediatras, los cirujanos que tenían más experiencia médica también echaban una mano o si no llamaban por teléfono a las familias de los pacientes porque estos no podían estar acompañados y había que gestionar también la información por teléfono". "Ha sido una situación brutal porque se juntaba todo, la enfermedad, el miedo de las familias, el miedo de los pacientes, la soledad... ha sido una experiencia muy dura, y la suerte por lo menos, es que se ha trabajado en equipo. Los directivos también han echado el resto, ese espíritu de equipo nos ha mantenido un poco a flote".

Incide en que hay que seguir concienciados "porque ahora la responsabilidad pasa a nosotros. Y ojalá apreciemos también las pequeñas cosas del día a día, la salud es muy frágil y la sanidad. No creo que de esta salgamos mejores ni peores pero probablemente más fuertes sí. Lo que está claro que de esto no se sale uno solo, se sale en grupo y con espíritu de equipo y de unión". Los aplausos a las ocho le emocionaban "porque era como sentirte arropado, sobre todo al principio que estábamos con la moral por los suelos fue muy gratificante. Ni somos héroes ni trabajamos por el reconocimiento, lo nuestro en mayor o menor medida es vocacional, pero es verdad que el agradecimiento es lo que más te recompensa y más en estos momentos en los que te has jugado la vida y tenias miedo a llevarte a casa la infección".

Su deseo es que "sepamos mirar a largo plazo e invertir en ciencia, en investigación, que es lo que realmente nos habría protegido más en este momento y en otros. Espero que ahora se lo tomen más en serio y en la crisis nos acordemos de la ciencia y de la investigación. Como decía Santiago Ramón y Cajal: "Los cerebros que se pierden en la ignorancia es como los ríos que se pierden en el mar". Más que en la ignorancia seria en la no financiación, no es gastar en ciencia, es invertir en ciencia, lo mismo que en sanidad, porque lo asistencial, lo investigador y lo docente es una pata más del sistema, y lo investigador siempre es un poco la cenicienta. En diez años nos hemos quedado en el chasis tanto en sanidad como en investigación".

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