Sociedad

DOMINGO - OJO AVIZOR

Banco de Alimentos de Huesca, la gran obra del voluntariado esencial

La institución que preside Julia Lera ha llegado a 5.700 personas por el efecto de la covid-19, a 1.700 más que otros años

Banco de Alimentos de Huesca, la gran obra del voluntariado esencial
Banco de Alimentos de Huesca, la gran obra del voluntariado esencial
B.A.

La historia de los Bancos de Alimentos está jalonada por hitos relumbrantes, paradójicamente en una institución universal que radica su grandeza en la humildad. Sus integrantes constituyen esa especial condición de seres a los que siempre se encuentra cuando se les necesita, a los que no es preciso llamar porque tienen un quinto sentido para edificar las más altas virtudes de la naturaleza humana.

En la cronología, figurarán el nacimiento en 1967 a cargo de ese ángel que fue John Van Hengel, que conoció una familia sin recursos que alimentaba a su prole con la recogida de excedentes de los supermercados. Con absoluta certeza, los guarismos que alumbran una obra descomunal, hercúlea, como los 160 en toda Europa o los 55 actualmente en España, uno por provincia. Incluso, en la singladura que arrancó en 1987 con la primera piedra en Barcelona, siempre quedará uno de esos galardones estelares: el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 2012.

Para hacernos a la idea de su labor, la Federación Española de Alimentos entregó en 2019 144.511.221 kilogramos para 722 millones de raciones, con 137,58 kilos al año. Congregó la vocación de 3.211 voluntarios y su trabajo fue más eficaz por la colaboración con 7.216 entidades sociales. El número de beneficiarios totales fue de 1.050.684, con 310.000 personas atendidas, en las que 173.364 fueron niños (un 20,4 %) y 41.406 lactantes).

En nuestra comunidad, su nacimiento data de 1999, y en 2010 llegó el turno de Huesca, bajo la presidencia de José María Solanes, cuyo entusiasmo rigió con mano firme los destinos de esta gran obra hasta el relevo por Julia Lera, que en el tiempo de su júbilo cambió un banco al que había entregado toda su pericia y creatividad por otro en el que el talento ha de suplir la escasez de talentos (léase en el sentido pecuniario de las divisas de la antigüedad).

Las organizaciones adquieren el rostro imaginario de sus integrantes, la calidad de sus entrañas y la clarividencia de sus ojos. Sólo así son capaces de responder a los retos que les pone la vida por delante, exactamente igual que a los individuos. El Banco de Alimentos de Huesca responde a una exigencia que es un juramento planetario de estas entidades: se nutren de los excedentes alimentarios y tienen prohibido el despilfarro. Como dictaban nuestras abuelas, "dejar comida en el plato es pecado". O, como predicó el papa Francisco, "cada vez que tiras comida a la basura estás robando de la mesa de los pobres". Naturalmente, eso sí, la adaptación a la realidad y a las circunstancias demanda la búsqueda de recursos con los que llegar a miles de familias.

La crisis del coronavirus ha sido sanitaria, económica y social. En ámbitos de marginalidad, de subsistencia. Por eso Julia Lera pone en valor el aprovechamiento máximo desde la leche hasta los refrescos de la Sociedad Deportiva Huesca, los postres entregados por todo tipo de empresas y cualquier otro producto que permitiera llegar a las mesas de los desfavorecidos. En dos meses, acabaron con las existencias previstas para ocho... Y la Gran Recogida del otoño se antoja decisiva para taponar las penurias.

De los 500.000 kilos que habitualmente distribuye el Banco de Alimentos, este año ya se han consumido 300.000 en la primera mitad. Sólo hasta abril, 187.000. La exigencia se ha multiplicado y, en medio de esa tensión, han manado las buenas manos samaritanas, quizás imposible de enumerar. La Cata de Enate permitió ingresar 20.000 euros que son una bendición para cubrir costes. En Supermercados Altoaragón, en la acción "Te necesitamos como el comer" con Radio Huesca, la cosecha fue de 13.900 kilogramos. Mercadona ha emergido con generosidad, como Carrefour, con recogidas por voluntad propia. Y tantos y tantos.

PRECISIÓN DE ORFEBRE

La acción del Banco de Alimentos de Huesca requiere una precisión de orfebre, a la que se ha sumado la higienización en todo su desempeño. Ante el incremento de la demanda, ha habido que adquirir cereales y galletas. "Todo el mundo piensa en las legumbres y el arroz, pero hay que hacerlos, usar aceite, salsa de tomate... Hay que completar la dieta con proteínas, y ahí están buenas gentes como Cárnicas Ferrer o Miguel Escuer. Teniendo en cuenta la dificultad de conservación, la proteína marina llega con las conservas de pescado como atún o sardinas".

Todo este complejo es centralizado y distribuido desde la nave de la calle Fornillos, de 450 metros cuadrados y equipada con estanterías donadas por Amancio Ortega (dentro de una gran partida para la Federación Española). La disponibilidad de una furgoneta, "de segunda mano pero digna", o de contenedores de plástico apilables es posible gracias a las aportaciones de la Diputación Provincial o de Fernando Alvira Banzo, que entrega el importe de 25 acuarelas íntegramente al Banco de Alimentos. El alquiler de las dependencias y la cobertura de gastos son obra y gracia de muchas donaciones, de instituciones como la propia corporación provincial, el Ayuntamiento de Huesca y la Comarca de La Hoya.

En una labor de economía doméstica, estirando los recursos, una docena de voluntarios se emplean a fondo, denodadamente. Siete de ellos en una labor impresionante: "El tema logístico es tremendo, porque hay que ordenar los transportes, los palets, clasificar según caducidades. Tenemos el programa informático Tribal, que nos ayuda para controlar los kilos que tenemos de cada producto, comprobar cuándo tienen la caducidad preferente y el orden en el que hay que sacar los alimentos". Julia Lera está profundamente orgullosa de todos, con grandes habilidades demostrada en los oficios que ejercieron y un corazón enorme en su voluntariado.

La cooperación rinde buenos resultados con entidades que, como Cruz Blanca, imparten programas formativos para inclusión laboral y social de personas jóvenes que han carecido de las oportunidades precisas. En el Banco de Alimentos, realizan las prácticas con la ayuda en el almacén y otras tareas.

5.700 FAMILIAS

La relación del Banco de Alimentos no es con el destinatario final. "Nuestra interlocución es con 32 asociaciones de la provincia: las Cáritas de todas las ciudades donde está presente, Cruz Blanca, Cruz Roja de Monegros o de Jaca, Sociedad San Vicente de Paúl, asociaciones de refugiados como los saharauis, la de familias numerosas 3 y Más, Maternity..." Han sido fundamentales en pleno estado de alarma, donde el confinamiento impedía la movilidad y había que suministrar a domicilio.

Julia Lera asegura que, de las habituales 4.000 personas a las que se llega en un ejercicio ordinario, se ha pasado en la actual coyuntura a las 5.700. La dotación calculada es de 137 kilos por persona.

La complejidad se acrecentará con la Gran Recogida de final de noviembre. "Son 900 voluntarios doce horas el viernes y otras tantas el sábado. Les dotamos de chalecos, pero las medidas de protección habrá que apurarlas, porque habrá que desinfectarlos antes de hacer el relevo. Hay que pensar que se realiza en 93 establecimientos". Se recogen en torno a los 100.000 kilos en esta acción.

La presidenta del Banco de Alimentos no se cansa de agradecer la generosidad de las empresas, como La Caixa (con la meritoria operación "Un niño sin bigotes"), como Harineras Villamayor, Eboca, la Asociación de Fabricantes de Longaniza de Graus (Aventín, Maella y Melsa) , Cárnicas Ferrer, Carnicería Miguel Escuer o Celi (Cereza de Bolea). "Se habla de la Responsabilidad Social, pero hay que tener voluntad y eso demuestra la bondad de quienes las dirigen y trabajan en ellas".

El efecto imán se extiende a imponentes iniciativas como las de las chicas del Club Baloncesto Femenino Huesca, que recogieron más de 300 kilos. Colectivos de todo orden que entienden la trascendencia de la labor del Banco de Alimentos y otras organizaciones de carácter social.

Hace extensiva Julia Lera la gratitud a las instituciones de la ciudad y la provincia. Dimensiona en su justa medida el fondo europeo para personas desfavorecidas, el trabajo del Ministerio de Agricultura y el Gobierno de Aragón, la respuesta a las necesidades de las familias y los individuos. Durante todo el año, el Banco de Alimentos distribuye los excedentes, como las verduras y frutas de Murcia, Almería, la zona del Bajo Cinca o Canarias, desde donde llegan los plátanos. Obedece todo a una filosofía innegociable: ni un producto a la basura, ni un desperdicio.

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