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Enrique Ripoll Pascual: Un viajero del mundo que regala luz en África

“Creo que soy como soy en gran parte por lo que mi madre me dio y me transmitió”

Enrique Ripoll Pascual: Un viajero del mundo que regala luz en África
Enrique Ripoll Pascual: Un viajero del mundo que regala luz en África
S.E.

Enrique Ripoll Pascual nació en Torla el 9 de febrero de 1956. Su padre era funcionario y su madre, de Casa Mesonero, se dedicaba de lleno a su hogar. Es el tercero de cuatro hermanos. Hasta los 7 años, fue a la escuela rural de la localidad pirenaica sobrarbense, donde aprendió sus primeras letras.

Enrique era un niño travieso, juguetón y feliz. Sobre todo, muy feliz. La calle era su zona de esparcimiento, un amplio espacio con pocos límites que compartía con el resto de los niños del pueblo. Jugaban a lo típico de aquella época, a la gallinita ciega, la guerra, con el tirachinas, a papás y mamás, con las canicas, a la peste alta, a churro, media manga, manga entera... Y afirma que podría hacer una lista mucho más extensa.

Antes de cumplir los 8, su padre se trasladó a Barcelona y allí continuó sus estudios, en el colegio La Salle de Gracia. Le costó adaptarse a vivir en un piso y perder esa libertad que encontraba en las calles, los campos y las montañas de su querida Torla.

Pocas familias iban por entonces de vacaciones, así que se considera un afortunado porque, gracias también a sus buenas notas, a los 14 años pudo regresar al pueblo para pasar los tres meses de verano con unos tíos que eran como sus segundos padres. En ese momento sintió también unas irrenunciables ganas de volver algún día a su tierra. Asegura, no obstante, que su infancia y adolescencia están llenas de recuerdos positivos y que de los negativos ya casi no se acuerda, pero si tiene que encontrar algún pasaje más sombrío de aquellos tiempos se refiere al robo que sufrieron, él y sus hermanos, de unos esquís artesanales que un tío suyo les había fabricado.

Enrique quería ser maquinista de tren. Siempre le ha gustado conocer lugares y aquella profesión le parecía una maravillosa manera de ver mundo.

Aunque ha tenido la oportunidad de relacionarse con muchas personas admirables, señala a su madre como la más especial de todas. "Creo que soy como soy en gran parte por lo que ella me dio y me transmitió", considera.

Estudió en Barcelona la licenciatura en Ciencias Químicas y después, el grado de Óptica y Optometría. Esta última es la profesión que ha guiado su vida. Tuvo trabajo en Barcelona inmediatamente, se trasladó después a Zaragoza, más tarde al Principado de Andorra y en 1988 se estableció en Huesca.

Se casó en 1992, en Torla, con Gisela y en las ermitas de la zona bautizaron a Chusé, Luzía, Miguel e Izarbe.

Enrique Ripoll es miembro de la Fundación Ilumináfrica, una entidad sin fines de lucro que trabaja en la mejora de la salud visual en países en situación de pobreza. Ha participado en una docena de viajes humanitarios, once a África (de los cuales diez fueron a El Chad y uno a Camerún) y uno a Haití. Confiesa que este último destino fue el que más le impresionó por la pobreza y devastación que encontró.

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