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COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

De ver pasar franceses al río, a recibirlos y a crear cinco empleos fijos en Panzano

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Los hermanos Santiago y Nuria Mur Bescós, segunda generación del Camping Guara de Panzano.
Los hermanos Santiago y Nuria Mur Bescós, segunda generación del Camping Guara de Panzano.
Santiago Mur

La idea inicial se le ocurrió al padre, Santiago Mur, cuando pasaban los veranos trabajando en el huerto de Panzano y veían que muchos franceses se dirigían al río Formiga, pero después fue la madre, Lourdes Bescós, la que impulsó el proyecto turístico. Entonces, ahí, el sur de la Sierra de Guara, no había ningún lugar donde alojarse y apostaron por montar el Camping Cañones de Guara y Formiga. Hoy, más de treinta años después, trabajan los tres hijos, Santiago, Marimar y Nuria, y emplean todo el año a otras dos personas en un pueblo de apenas 10 vecinos.

Surgió de la nada y fue literalmente “una locura”, resume Santiago, ya la segunda generación, pero tras muchos años de esfuerzo es un negocio que funciona y que da vida a una zona de pequeños núcleos. “Mi padre tuvo la idea y nos embarcamos en el proyecto, pero el inicio fue muy duro”, recuerda. “Los franceses llegaban hasta el río Formiga, pero desde allí hasta el camping había un kilómetro y nos costó muchos años salvarlo y que la gente llegara”, comenta el empresario.

En sus inicios, “Panzano no existía ni en el mapa. En la Comarca de La Hoya nos costó mucho que nos tuvieran en cuenta, pero por suerte eso ya se ha salvado también”, indica. “Entonces allí no había nada y aun ahora desde Panzano hasta Siétamo no hay ningún restaurante”, comenta.

“Mi madre no guardaba ni un día de fiesta, trabajaba los 365 días del año, porque decía que si llegaban y se encontraban la puerta cerrada ya no volverían”, recuerda Santiago, precisamente porque los visitantes no tenían ningún otro lugar al que acudir. Además del cámping, ofrecen bar, restaurante, apartamentos, zona de acampada y también llegaron a tener un albergue, al que acudían muchos grupos de escolares del País Vasco, pero con la crisis del 2008 decidieron cerrarlo. Su apuesta es otra y, además, les funciona muy bien. Ahora, una vez que salvaron ese kilómetro entre el río y el camping, la gente ya los conoce y “es mucho más fácil”, asegura.

“No me planteaba dedicarme a esto, porque además yo soy agricultor. De todos los hermanos, solo mi hermana Nuria se enfocó más al negocio y estudió Turismo, pero al final lo has vivido desde siempre y le tienes cariño. Ahora, cada uno nos dedicamos a una parte”, indica.

Falta vivienda y no se encuentran trabajadores

“Trabajo hay, pero no se encuentra gente para trabajar y tampoco hay vivienda. Por las casas que se ponen a la venta piden una barbaridad, otras están que se escachan y no las quieren vender”, lamenta Mur. Por ello, entiende que es necesario intervenir desde las administraciones para facilitar que haya vivienda disponible en la zona. Incluso ha solicitado la ampliación del casco urbano para que existan más posibilidades para construir viviendas. “A ver si así se anima más gente a vivir aquí”, apunta.

Santiago Mur explica que en el entorno ya se han ido creando más casas de turismo rural”, indica. Y, aunque en Panzano solo viven 10 personas todo el año, en verano alcanzan las 200 o 300 con todos los clientes que llegan. “Solo echamos en falta que hubiera alguna tienda, porque vemos que tenemos que montarlo todo y llega un punto que no nos da. Incluso que monten algún otro restaurante, porque no nos haría la competencia, más bien nos aliviaría”, comenta Santiago, quien apunta la idea de que pueda abrirse alguna tienda multiservicios e incluso que pudiera llevarla algún refugiado ahora con la guerra de Ucrania. “Es tan difícil encontrar trabajadores, que a veces te planteas que hasta donde llegues. El año pasado fue muy duro, muchas horas y poca gente para trabajar”, recuerda.

En estos últimos años, Santiago Mur también se ha implicado con el proyecto de rutas de bicicletas ‘bguara’ con el convencimiento de trabajar por el desarrollo del territorio y, por ello, también ha entrado a formar parte de la Junta de la Asociación de Empresarios de la Sierra de Guara desde donde trabaja por el futuro de la zona. De forma conjunta, entiende que es mucho mejor.

Volviendo la vista atrás, “no recomendaría esto porque -insiste- fue una locura”. Entre otras cosas, indica que a veces los requisitos para determinados proyectos son los mismos que en capitales o en otros lugares con condiciones muy distintas. “Pero ahora estamos contentos con el negocio, la gente está contenta y, aunque costó muchos años, funciona”, afirma.

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