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COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

Apuesta por una vida en la montaña entre contratos y el emprendimiento

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Mariajo Lorente disfruta de su trabajo como guía turística.
Mariajo Lorente disfruta de su trabajo como guía turística.
Huella Pirenaica

Se puede decir que soy una monegrina enamorada del Pirineo”. Con esta autodefinición, Mariajo Lorente, natural de Montesusín, explica su apuesta por vivir en Biescas, donde tiene su empresa de gestión de servicios turísticos: Huella Pirenaica. Aunque llegó para un contrato de tres meses, lleva seis años y, ahora también, con su pareja. Después de pasar una temporada en el extranjero y de la experiencia de los últimos tiempos, tiene claro que en grandes ciudades no quiere vivir.

Su ilusión cuando habla de su trabajo, de su empresa y del valle de Tena se mantiene siempre, aunque la estacionalidad y, por tanto, la temporalidad en los trabajos es uno de los problemas que subraya Mariajo Lorente al hablar de las dificultades para asentarse en el Pirineo. “Vine para tres meses, pero fueron llegando cosas sin pensarlo y el destino me llevó a asentarme aquí. La verdad es que estoy muy contenta”, apunta.

Enlazó trabajos hasta que logró ser indefinida en la empresa que gestiona ella desde 2019, cuando la anterior propietaria decidió dejarla. “Mi jefa cerraba la empresa y tenía la oportunidad de continuar con la gestión turística y las visitas guiadas, que no son al uso sino de interpretación del patrimonio natural y cultural. Además, ofrecemos asesoría y servicios turísticos a otras empresas”, detalla.

Es para lo que se formó, porque Loriente estudió primero un Grado Superior de Servicios Turísticos en Miralbueno, y después, tras un tiempo viviendo en Suiza, estudió otro Grado Superior de guía turística en la Escuela de Hostelería San Lorenzo de Huesca. Mientras lo hacía, trabajaba en la DPH y en ferias con la empresa Comunicación y Protocolo, y cuando acababa le salió la oportunidad de ir a Biescas. En 2019 empieza a dirigir Huella Pirenaica y, “tras un año bueno porque había trabajo sembrado de la otra empresa”, llegó la pandemia. “Nos costó un poco pero, por suerte, el turismo nacional ha estado presente. Poco a poco nos vamos desarrollado y puedo seguir”, indica satisfecha.

De hecho, tanto en verano de 2019 como en el de 2021 contrató a una persona en julio y agosto para poder atender la demanda. “En verano hay trabajo, pero cuando llega el invierno tienes que minimizar el gasto. Estoy trabajando -decía recientemente- en un hotel de Formigal para compensar, porque las visitas guiadas en invierno no tienen tanto tirón”, señala. En el sector turístico, comenta, tan pronto se trabaja en un hotel, como de guía... “Soy un poco pluriempleada y toco todos los palos, excepto agencia de viajes, he hecho casi todo”, explica, ya que escribe ‘post’ para portales.

“En verano hay trabajo, pero cuando llega el invierno tienes que minimizar el gasto"

“El problema es que los trabajos son temporales, que no hay una seguridad de ingresos. De mayo a octubre puedes estar desbordada, pero el resto del año puedes estar mano sobre mano y tienes que complementar con otras actividades.

Las posibilidades de acceder a una vivienda en alquiler a un precio asequible es otro de los inconvenientes: “No me puedo quejar, porque yo tuve suerte, pero el tema del precio de la vivienda lo reivindico porque mucha gente se lo encuentra”. En su caso, al inicio comenzó a trabajar unas horas en un tienda y los propietarios le ofrecieron un piso a un precio asequible, que es donde todavía vive. “Pero soy de las pocas personas que ha tenido esa ayuda, de encontrar un piso a un precio razonable. Alguna vez hemos pensado en cambiarnos, pero es inviable, los precios son desorbitados”, asegura. De hecho, a la persona que contrató en verano, directamente le ofreció una habitación en su casa. “Con un contrato de 30 horas, no puedes alquilarte nada”, afirma.

Ha trabajado en ferias, entre otros empleos del sector.
Ha trabajado en ferias, entre otros empleos del sector.
Pablo Segura

La pandemia le vino muy bien para conocer a los vecinos del pueblo. “Es verdad que me ha costado hacer vida social porque el ser un pueblo turístico y trabajar siempre con los turistas, cuesta relacionarte con los fijos y, en la pandemia, te los encontrabas en las tiendas”, destaca como positivo.

Me compensa poder estar en contacto con la naturaleza todos los días. Mi trabajo en temporada baja es mucho de búsqueda de información y salir a estirar las piernas viendo verde... Si tuviera que marcharme de aquí, no me veo viviendo en una ciudad”, concluye. Por ahora, seguirá indicando la huella pirenaica.  

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