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40 ANIVERSARIO DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE ARAGÓN

Profesional e innovador, así ha evolucionado el campo altoaragonés

El desarrollo tecnológico y los requisitos que impone el modelo europeo recogido en la PAC han marcado la historia del sector agrario

Mantenimiento en el canal de regadío en Los Monegros.
Mantenimiento en el canal de regadío en Los Monegros.
Javier Blasco

El impulso de los regadíos y el correspondiente refuerzo de las estructuras agrarias constituyeron una de las principales líneas de acción del primer Gobierno de Aragón en 1983. La transferencia de competencias para medianas y pequeñas obras permitió fijar el objetivo de que el agua llegara a 120.000 hectáreas de terreno, estableciendo un hito en el marco de las políticas hidráulica y agrícola de la Comunidad. Igualmente, las vías de financiación para los proyectos de regadío ya planteados centraron los primeros compases del recién estrenado Ejecutivo.

Desde entonces, se ha continuado con la apuesta por el regadío. A día de hoy, se han modernizado 106.600 hectáreas -97.100 en comunidades generales y 9.500 en otras zonas regables- y se han creado otras 80.800, a las que habría que sumar 29.200 en ejecución, según datos del Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente. Su gestión y modernización sigue dependiendo del Ejecutivo autonómico, en coordinación con el Gobierno Central, encargado de determinar el mapa de hectáreas regables del territorio.

En la actualidad, el regadío supone el 20% de la superficie agraria total de Aragón y su defensa sigue siendo uno de los asuntos centrales de la Administración autonómica. Según declaraciones del actual consejero de Agricultura del Gobierno de Aragón, Joaquín Olona, el regadío es “absolutamente imprescindible” y “un motor de desarrollo para el medio rural, como herramienta de lucha contra la despoblación, de relevo generacional en el campo y de adaptación a la agricultura del siglo XXI”.

Lo mismo opinan los agentes empresariales y sociales vinculados a la actividad agraria: “El regadío es vida –afirma José Fernando Luna, presidente de CEOS Cepyme Huesca y de Asaja Huesca–. Hay que apostar por el agua respetando siempre el medioambiente y adaptándonos al cambio climático para mantener la producción agraria”. A este respecto, Luna recoge las informaciones vertidas por la FAO de Naciones Unidas, que apuntan a que los periodos de lluvia van a ser menos extensos y más intensos, lo que implica, a su juicio, que haya que “estar prevenidos para almacenar la mayor cantidad de agua en el menor tiempo posible”.

FIMA, el gran escaparate

La evolución de la mecanización del campo, así como de las innovaciones tecnológicas que se han aplicado en la actividad agrícola se recogen en la historia de la Feria Internacional de la Maquinaria Agrícola celebrada en la capital aragonesa desde la década de los cuarenta del siglo pasado. Mucho ha llovido desde aquellos primeros tractores a los actuales, equipados con GPS o con tabletas para regular el abonado.

Fue en 1987, durante el primer gobierno autonómico de Santiago Marraco, cuando el salón se trasladó a las nuevas instalaciones de Feria de Zaragoza, situadas en la carretera de Madrid, dando un importante salto cualitativo y cuantitativo. De este modo, se pasó de los 56.000 metros cuadrados de exposición de la edición de 1986 a los 90.000, de la presencia de 945 empresas a 1.137, de contar con la representación de 27 países a alcanzar los 32, pasando en total de los 2.800 expositores a los 3.200. Así se reflejaba en Heraldo de Aragón el 28 de marzo de 1987, donde se estimaba superar los 300.000 visitantes en esa edición.

No solo aumentaban las dimensiones de la feria y su proyección internacional en esos años, sino que se aceleraba la evolución tecnológica de la maquinaria y los equipamientos agrarios. El vicepresidente de CEOE Aragón y de la Asociación de Industrias de Alimentación de Aragón, Félix Longás, resume al respecto que “durante estos 40 años ha habido un enorme proceso de adaptación, profesionalización y mecanización del sector en Aragón y en España. En los próximos años continuará transformándose y evolucionando, aumentando su productividad y la automatización de procesos. Creo que los cambios que se van a producir en los próximos 40 años van a ser aún más espectaculares. La aceleración que traerá la digitalización servirá para una mayor adaptación y especialización de las producciones primarias a los requerimientos de los mercados y los consumidores”.

Otro cambio de tendencia que se ha gestado en las últimas décadas tiene que ver con la presencia de un mayor número de mujeres en el sector agrario. Según las cifras oficiales publicadas en Heraldo de Aragón, actualmente se contabilizan en Aragón 10.238 mujeres titulares de una explotación agraria y hay 11.078 declarantes de la PAC. En términos relativos, todavía siguen representando únicamente el 25% de los efectivos agrarios de la Comunidad, con poca presencia en órganos representativos directivos y sindicales. Longás admite que el sector “siempre ha tenido un gran participación de la mujer, que representa aproximadamente el 40% del empleo. Pero, al igual que en otros sectores, queda el reto de que la mujer llegue a puestos directivos. Tenemos algunos ejemplos, pero queda mucho camino por recorrer”.

Por su parte, José Fernando Luna, presidente de CEOS Cepyme Huesca y de Asaja Huesca apunta que “el sector primario siempre ha sido un sector masculinizado, en parte por el descenso de población en nuestros pueblos y en parte por la dureza física del trabajo. Hoy en día la dureza física se ha reducido considerablemente, por lo que es un impedimento menor. Por el contrario, el vaciado de nuestros pueblos es una sangría constante que no estamos sabiendo frenar. Las mujeres que se quedan al frente de explotaciones, en un buen número ganaderas, son un orgullo y un referente para el sector primario”.

El modelo europeo

España entró en la Comunidad Económica Europea en el año 1986, adoptando la Política Agraria Común, un documento marco que ha experimentado tantas reformas como controversias en el sector. El vicepresidente de CEOE Aragón y presidente de la Asociación de Industrias de Alimentación de Aragón, explica: “La PAC en su conjunto es positiva para la sociedad, nos ha permitido tener acceso a alimentos seguros y a precios razonables durante las últimas décadas en Europa, un valor que, con la guerra de Ucrania, la sociedad está empezando a descubrir. Pero es cierto que también tiene sus sombras, recibir subvenciones por no producir es un lastre que no nos deja evolucionar”.

Actualmente se ultima la nueva reforma de la PAC que entrará en vigor en 2023, asunto que levanta expectación. Entre sus objetivos, está el de aumentar la contribución de la agricultura a los objetivos medioambientales de la UE, prestar un apoyo específico a las explotaciones más pequeñas y ampliar la flexibilidad. 

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