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COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

Pilar Calasanz: “Hacemos una gran labor, sobre todo con las personas que viven solas”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Pilar con su uniforme en la oficina de Correos de Fonz.
Pilar con su uniforme en la oficina de Correos de Fonz.
S. E.

LLEVA seis años como cartera de los municipios de Fonz, Conchel y Cofita y ya es, para muchos de sus vecinos, una más de la familia. “Creo que somos bastante importantes a la hora de ofrecer un servicio a la gente de los pueblos. Muchas veces, para las personas mayores, somos de las pocas personas que ven al día”, señala Pilar Calasanz. Nacida en Barcelona, vive desde hace 16 años en Azanuy, de donde son su padre y su suegro, tras haber trabajado en una empresa de limpieza de la capital catalana -donde dirigía un equipo de 46 personas- y haber ejercido también como cartera en Lérida.

“La primera reacción al recibir la noticia de que venía a trabajar aquí fue de felicidad, porque de tener que hacer 60 kilómetros para bajar y 60 para subir cada día, estar a 12 kilómetros de mi casa y mi zona de reparto a entre 7 y 10 kilómetros era maravilloso. La realidad vino después, ya que es totalmente diferente el reparto rural a un reparto en ciudad. El primer mes o mes y medio para mí fue muy duro. El cambio era muy grande, la adaptación al lugar, a la gente, a la manera de repartir, es muy diferente...”, recuerda Pilar. Ahora puede decir que es “feliz con su trabajo”. “He tenido oportunidades de poder optar a un puesto superior o de oficina en Monzón y no he querido pedir el traslado porque me siento muy a gusto con los usuarios de los pueblos donde trabajo”, afirma Pilar. La mayoría de ellos, señala, son gente mayor, que no utiliza internet y que “necesitan aún que les lleguen los recibos del banco, las facturas de teléfono, de la luz. En ese sentido aún tenemos bastante trabajo a nivel de carta”. En cuento a la paquetería, “la gente más joven solicita por plataformas o grandes cadenas comerciales”.

Nuevos vecinos

En ese sentido, en el caso de Fonz, notó el año pasado un notable incremento de caras nuevas. “El censo aumentó en más de cien personas, la mayoría jóvenes o de mediana edad que han venido a vivir”, explica. Con el trato cercano del día a día se crean así unos vínculos muy estrechos con todos los vecinos.

“Te das cuenta de que haces una gran labor, sobre todo con las personas que viven solas. En estos seis años me han pasado muchas anécdotas, algunas incluso muy tristes”, añade. Recuerda el caso de un señor que vivía solo y con el que solía hablar cuando pasaba por su calle. “Tras dos o tres días sin verle me mosqueé un poco y le dejé las cartas cogidas con la pestaña del buzón y así podía comprobar al día siguiente si las había recogido”, relata Pilar. Las cartas seguían estando ahí, preguntó a los vecinos y le dijeron que hacía días que no le veían. Lo notificó al Ayuntamiento, que envió a agentes y Bomberos al domicilio, donde lo hallaron muerto.

“Otro día al pasar vi a una abuelita y que también vive sola, de rodillas en el suelo y agarrada a la puerta. Solté el coche en medio de la calle y me fui a ayudarle para levantarle. Al día siguiente, cuando fui a llevar las cartas a la panadería, tenían para mí una bolsa de magdalenas que la mujer había querido darme en agradecimiento”, afirma Pilar. “Cuando me quieren dar una propina, en plan ‘toma, un euro para un café’, yo les digo que no, que ya tengo mi sueldo. A mí me hace más ilusión cuando te vienen y te traen una col de huerto, porque es algo que sabes que lo están cultivando con todo el cariño”, asegura. También va “preparada” con una bolsa de golosinas para perros y gatos. “Por eso me adoran”, asegura, desmontando así el mito del cartero acosado por estas mascotas.

“Me siento una más. Cuando vamos a las fiestas, mis amigos siempre me dicen que conmigo es imposible llegar a la plaza, porque todo el mundo me saluda. Mi marido es el alcalde de Azanuy y es ‘el marido de la cartera’ en lugar de ser yo ‘la mujer del alcalde’”, cuenta divertida. En otra ocasión se encontró durante el reparto en Fonz a Mateo Sierra, el finalista oscense de ‘Masterchef’, en febrero de 2020, antes del estallido de la pandemia. al que le propuso participar en las jornadas culturales de Azanuy.

Entonces llegó la covid, pero Sierra aún la recordaba y tras volver a contactar con él, el pasado martes, el joven cocinero ofrecía un ‘showcooking’ en la localidad. “Este tipo de trabajo te hacen ser más humano y la gente agradece mucho más tu trabajo y tú te sientes más satisfecha”, asegura Pilar.

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